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24 de septiembre 2003 - 00:00

FMI: nuevo error con la Argentina

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Previo a la convertibilidad, la Argentina ya había tenido una experiencia traumática de estabilización mediante el atraso cambiario como fue la «tablita» de Martínez de Hoz. Se sabía que para que una fijación del tipo de cambio no terminara posteriormente en una explosión cambiaria tenía que estar acompañada por una política fiscal de extrema austeridad y que, por más que no se emitiera dinero desde el BCRA ni se colocara deuda interna, si había déficit fiscal que se financiaba externamente, todo terminaba mal, muy mal.

Curiosamente, en 1991, 10 años después del colapso de la «tablita», se lanzaba otra vez una plan de estabilización que usaba al tipo de cambio nominal como «ancla» de los precios. El FMI no podía ignorar que el tener 0 peso de déficit fiscal todos los días era la condición necesaria para que la convertibilidad no se cayera. Es más, Domingo Cavallo, ministro de Economía de entonces, siempre se quejó de que el FMI no apoyara su plan de fijación cambiaria desde el vamos, seguramente porque sabía que una convertibilidad exigía una disciplina fiscal de tipo monacal que un país incorregiblemente indisciplinado como el nuestro no la podría lograr ni tampoco mantener.

Sin embargo, el FMI no sólo terminó convalidando la convertibilidad (nos dio un acuerdo tras otro sin chistar durante una década), sino que compró el ridículo «cuento» cavallista de que las ganancias de competitividad que se estaban produciendo en la Argentina por la privatización y la liberalización de mercados más que compensaban el brutal atraso cambiario que causaba una política fiscal muy expansiva y que, por lo tanto, no había que tener preocupación cambiaria alguna. Por todo esto nos puso como ejemplo a seguir en el mundo emergente.

El error del FMI fue bendecir y apoyar fervorosamente un plan que era totalmente incoherente desde el punto de vista técnico y que ya había demostrado su inviabilidad en la Argentina nada más que una década atrás con el colapso de la «tablita»: no se puede mezclar una fijación del tipo de cambio nominal con déficit fiscal, menos financiado externamente y menos todavía en una economía que se dolarizaba.

Parece que el colapso ha sido aleccionador, incluso, hasta para las mentes más febriles. Desde el gobierno de Duhalde a esta parte, el ajuste fiscal (que poco a poco Kirchner va degradando), vía el no pago de la deuda claro está, ha hecho que pasemos de un déficit de casi 5% del PIB antes del fin de la convertibilidad al equilibrio fiscal de hoy. Hecho inédito: un gobierno de centroizquierda que logra equilibrio fiscal y mantiene el tipo de cambio fijo en casi $ 3 mediante las compras del BCRA (si no se caería por debajo de $ 2,8).

O sea, hasta ahora, el «modelo productivo» inaugurado por Duhalde y seguido por su delfín Kirchner, técnicamente es más coherente que la convertibilidad: quieren el tipo de cambio fijo en $ 3 (una especie de convertibilidad vergonzante) para reactivar, entonces tienen equilibrio fiscal que, como está logrado sobre la base del no pago de la deuda externa, nos tiene fuera del mundo, pero de todas mane-ras crecemos porque hay ingreso de capitales de residentes argentinos que permite aprovechar la capacidad instalada ociosa para expandir la producción mientras nos «comemos el capital», y además porque la soja tiene buenos precios.



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