Gran Bretaña: los accionistas no quieren que los CEO ganen fortunas
-
Semana Santa 2026: viajaron más de 2,8 millones de turistas, pero cayó 18,9% el gasto total
-
Último dia para aprovechar las ofertas semanales exclusivas en esta cadena de supermercados
Humillación
Si hacen algo fuera de lo ordinario -como llevar adelante la primera adquisición hostil airosa en Alemania, en el caso de Gent-pueden dar por sentado que les darán unos cuantos millones más como bonificación. Si el precio de las acciones sube, lo cual, podría argumentarse, era una parte básica de su trabajo, reciben otro bonus extra.
Estas grandes sumas tienen su precio: hay que producir buenos resultados, y no importa cuán difícil esté el mercado. Tal vez no sea culpa de los accionistas que la compañía se esté hundiendo, pero las consecuencias son que ellos pagarán los platos rotos.
Esto suele no ser justo, pero tampoco lo sería que el máximo ejecutivo promedio decidiera pagarse cien veces, en vez de diez veces, el sueldo del empleado promedio. De hecho, la clase ejecutiva ha desechado todo concepto de lo justo. Ya no forma parte del diálogo empresarial, ni es un valor que muchos ejecutivos reconocerían. Tal vez esto haya sido algo bueno: el capitalismo es más efectivo en sus formas más crudas y primitivas. Pero es muy tarde para que ninguno de ellos empiece a quejarse de la «injusticia».
Deuda
Tomemos a John Mayo (y quédenselo, dirían, sin duda, los accionistas de Marconi). Simpson y Mayo idearon entre sí una estrategia para extraer a Marconi de los negocios del lento sector de la defensa en que la instaló el predecesor de ellos, Lord Weinstock, y ubicarla en el pujante mercado de los equipos de telecomunicaciones.
Después, pagaron precios de primera división por una serie de fabricantes mediocres de productos de telecomunicaciones. Los resultados fueron previsiblemente pésimos: al caer la economía, Marconi padeció tanto como las demás, y también acumuló una deuda enorme.
Lo cierto es que algo había que hacer. La defensa era una industria declinante, y Marconi no era ni siquiera un líder mundial en dicho sector. Acaso escogieron un mal momento y ejecutaron la estrategia torpemente, pero el concepto bien puede haber sido acertado.
En este caso, y es posible citar muchos más, las críticas son al menos parcialmente injustas. Pero en estos precisos momentos, los accionistas parecen no estar de ánimo para ser comprensivos. Tal vez esto no sea aconsejable. Las compañías, como todo el mundo, necesitan cierta libertad y margen para cometer errores. De lo contrario, podrían sentirse tan cohibidas que nunca intentarían hacer nada nuevo.
Quizás se deba volver al sistema en que había más moderación en la paga de los CEO y las metas que debían alcanzar. Pero en los negocios, como en la mayoría de los aspectos de la vida, una vez que las manecillas del reloj han avanzado, casi nunca se puede volverlas atrás.




Dejá tu comentario