28 de enero 2002 - 00:00

Granos: cómo salvar un mercado hoy paralizado

Granos: cómo salvar un mercado hoy paralizado
Sin lugar a duda el abandono de la Ley de Convertibilidad significa una mudanza enorme en el comportamiento de instituciones y modos de relación de los agentes económicos y de la sociedad toda. Algunas de esas instituciones y conductas deberán definitivamente cambiar, pero otras podrán encontrar nuevos mecanismos que preserven las ventajas de la estabilidad en el proceso de toma de decisión económica. La inteligencia y micro management de las autoridades económicas frente a este colosal cambio definirá el «precio» de la transición y hasta la viabilidad misma del proceso. Una de esas instituciones es el Mercado de Cereales a Término.

Las cifras son contundentes de la explosión agrícola y del complejo agroindustrial en la última década. Todos coincidirán en que una ecuación polinómica donde entran la estabilidad, la tecnología, la capacidad emprendedora y el contexto internacional explica este salto cualitativo. Es importante, sin embargo, profundizar en el factor «tecnológico». No sólo la genética, el acceso a insumos o nuevos procesos agronómicos explican el salto tecnológico, sino hay que prestar atención a la tecnología de la información que sumada al marco de estabilidad permitió generar nuevos instrumentos comerciales que aumentaron la batería de alternativas de los agentes que operan en el sector.

El mercado de Cereales a Término es una vieja institución, pero sólo alcanzó un elevado volumen en los últimos años desde que opera en dólares. Una moneda estable es condición sine qua non para aumentar el volumen, y éste -el volumen- es condición necesaria para que el mercado actúe con la suficiente liquidez y transparencia para que permita arbitrar los diferentes riesgos de la actividad y sobre todo «la actitud» frente al riesgo. La existencia del MAT permitió presupuestar, financiar, invertir y en definitiva crecer. La existencia de mercados de futuros cada vez más sofisticados, incluyendo los derivados y opciones, aumenta la «cultura comercial» de los diversos operadores generando nuevas alternativas estratégicas. Las crecientes cosechas y los miles de millones de dólares de exportación del sector reconocen en el MAT un instrumento central.

• Muerte súbita

Desde hace casi un mes el mercado está parado. Tres millones de toneladas están «paradas» esperando un nuevo modo de funcionar. El principal instrumento de fijación de precios para productores, exportadores, fábricas y proveedores de insumos hoy no existen ¿Hay alguna solución, o deberá incluirse al MAT dentro de las instituciones de muerte súbita con la caída de la convertibilidad?

La primera y aparentemente más obvia solución sería encontrar un precio de «arbitraje y liquidación» de las operaciones abiertas -los aproximadamente 3.000.000 de toneladas- por ejemplo, el famoso 1,40.
Y que las nuevas operaciones se realicen en pesos. Esta solución -aparentemente en línea con la nueva organización económica- solucionaría el problema del stock, pero no del flujo. No habría nuevas operaciones y el Mercado perdería su condición esencial: el volumen. Es obvio que nadie tomaría posiciones futuras en pesos frente a la incertidumbre del tipo de cambio, sobre todo cuando oficialmente se admite este proceso como «de transición» a la flotación. La propuesta inmediata es: que opere en dólares. Peor. A los problemas del volumen del mercado del dólar libre y su volatilidad y la dificultad de instrumentarlo sin cuentas en dólares, nadie operaría tampoco porque implica tomar el «riesgo de brecha» entre el dólar libre y el comercial u oficial.

• Solución

La solución parece obvia: que el mercado opere en dólares comerciales que es -al valor que tenga en cada momento- la divisa con la cual se liquidan las exportaciones de los granos. El problema frente a algo tan obvio es el propio mecanismo de arbitraje de funcionamiento del Mercado a Término. Los márgenes y diferencias que cada día hay que depositar deberían ser en «dólares comerciales» y éstos no se «venden» en ningún lado.

La fórmula es que a través de una cuenta corriente el banco central le «venda y le compre» dólares comerciales al mercado por el valor de los márgenes y diferencias diarias.
Esto no implica un seguro de cambio, ya que cuando se liquidan mes a mes las operaciones, las diferencias se «netean» y el balance es neutro.

Un riesgo que alguien podría ver en este mecanismo es el de que algunos accedan por razones especulativas al mercado buscando «comprar» dólares comerciales frente a potenciales devaluaciones futuras. Cuando se entiende cómo funciona el mercado este riesgo desaparece:
los márgenes de garantía que el mercado tiene son de aproximadamente 0,5% del valor de la mercadería del contrato de futuro, por lo que es impensable que alguien por «asegurarse» el cambio de 0,5% arriesgue y comprometa las diferencias de precios comerciales de 99,5% restante.

De todas maneras, parece inteligente que este nuevo mecanismo tenga algún período de prueba que se podría determinar fijando un límite a esta cuenta de «compra-venta» de dólares comerciales. Límite que fácilmente surgiría estudiando la evolución de la cuenta márgenes y diferencias de los últimos años.

Finalmente, no es necesario ni ley ni decreto para concretar esta solución. La buena sintonía que la Secretaría de Finanzas y el Banco Central tienen, sumadas a consultas de la Subsecretaria de Financiamiento con las autoridades del MAT son suficientes para delinear las normativas para instrumentarlas. Hacerlo rápido no sólo solucionaría un problema acuciante para el sector, sino que podría dar un soplo de optimismo por la manera pragmática que ambos organismos -Secretaría de Finanzas y Banco Central- encuentran solución a los problemas concretos.

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