La guerra de las cervezas tendría una derivación inesperada: a pesar de que la «víctima» principal de la cuestionada campaña que lanzó la alemana Isenbeck para tratar de restarle mercado a Quilmes, la principal perjudicada sería CCU, licenciataria de la marca estadounidense Budweiser. Por eso, los abogados de CCU estarían considerando acudir a los organismos de defensa de la competencia para cuestionar la legalidad de la promoción de sus competidores alemanes. Fuentes de la industria cervecera justificaron el «obsequio» de casi 4% de su producción anual en el hecho de que la prohibición de vender alcohol en los quioscos, implantada por el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, afectó su principal canal de distribución en este mercado. E ilustran la afirmación con datos concretos: a marzo del año pasado, Isenbeck tenía 5,6% del mercado a nivel nacional, cifra que trepó a 7,1% en octubre; pero a partir de noviembre (cuando se dejó de vender cerveza en los quioscos) el market share de Isenbeck viene cayendo, hasta tocar 6% en marzo de este año. No hay cifras aún del efecto que habría tenido (o no) la promoción «dos tapitas». «Todavía es demasiado pronto para saber qué efecto tuvo la promoción, pero la verdad es que no detectamos un gran impacto en las ventas», dijo el vocero de una gran cadena de híper. Y a pesar de que en el último aviso de los alemanes se entra de lleno en la comparación con Quilmes Cristal, la empresa líder del sector (con casi 70% del mercado) sigue en estricto y absoluto silencio sobre la cuestión.
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Sin embargo, técnicos de la industria afirmaron que «Isenbeck se equivocó al comparar su etiqueta con la de Quilmes Cristal. Dicen que la cerveza que ellos hacen tiene un vencimiento de un año, contra los seis meses de Quilmes Cristal. Pero cualquiera que tome cerveza sabe que no es bueno mantenerla más de seis meses estibada o almacenada, porque se oxida y pierde sabor y cualidades». En este sentido, dijeron las fuentes, el sol y las altas temperaturas conspiran contra el mantenimiento de la calidad de la bebida. Agregan que la Quilmes Imperial (la marca «premium» de la empresa de los Bemberg/Miguens) también vence a los seis meses, a pesar de tener características comparables con la Isenbeck. «Creo que por un tema de prudencia comercial no permiten que se vendan sus botellas más allá de ese lapso, porque no quieren poner en riesgo la imagen del producto», dijo el informante.
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