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La Unión Europea es, de hecho, sólo una unión económica basada en el establecimiento de un mercado único con protección fronteriza de carácter aduanero, cuya naturaleza, desde el punto de vista del derecho internacional, constituye una institución «sui géneris»; es decir, algo que no tiene identidad propia ni se identifica con ninguna institución regulada en este campo.
Sin embargo, desde el tratado de Roma en 1958, y a través de una larga evolución y tratados complementarios -algunos concretados y otros fracasados-, la Unión ha podido avanzar en muchos campos tendiendo a la búsqueda de una legislación común dando los primeros pasos de armonización entre las normativas nacionales en campos estratégicos; la imposición de una moneda común (el euro), lo que todavía no alcanza a todos los países integrantes; y el fallido intento de imponer un criterio único en materia tributaria.
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