26 de abril 2001 - 00:00

Hoy Pou presenta al sucesor ante el directorio del Central

Pedro Pou recibió al grupo pasadas las 19.30 junto a sus directores Martín Lagos y Marcos Saúl. El anfitrión, que se tutea con Chrystian Colombo, debió tolerar que una vez más recordara el jefe de Gabinete que uno es mendocino y el otro neuquino, dos provincias fronterizas. Nicolás Gallo, que no se tutea con Pou, se limitó a escuchar cuando Colombo le dio copia del decreto de destitución y el acta que debía notificarlo.

Pou:
Saben que esto es anti-jurídico.

Gallo:
Todo el equipo jurídico del gobierno respalda esa decisión.

Pou:
Pero igual va contra el derecho.

Colombo:
El gobierno no puede erigirse en juez, es un poder ajeno, el Congreso, el que pide esto.

Pou:
Pero ustedes lo consienten.

Colombo:
Es una decisión del Poder Ejecutivo, Pedro.

Pou
(mirando a Saúl y a Lagos): ¿Y los demás directores?

Gallo:
¿Qué pasa con ellos?

Pou: ¿No se va alguno conmigo?

Colombo:
Hay un solo decreto de destitución, el tuyo. No se va nadie más.

La orden que se habían dado los hombres del gobierno había sido mitigar el estruendo de la destitución, hacerlo rápido y limpio, sin prensa y cuando todos miraban hacia otro lado, es decir el calvario de la Selección argentina contra Bolivia, en el partido que empezó a transmitirse a las 17.30 por TV y a cuyo ritmo se fue desanudando la salida del jefe del Central.

Por la mañana temprano, De la Rúa llegó a la Casa de Gobierno con el voluminoso informe de los senadores recomendando la destitución de Pou y el ejemplar de la carta orgánica del banco de bancos, que le había acercado en la noche del martes el secretario legal y técnico Virgilio Loiácono. Sorprendió a todos cuando pidió al Congreso una ampliación de los datos acercados por la comisión bicameral.

Parecía un retroceso en la decisión de ejecutar a Pou. Así lo creyeron los senadores, que se pasaron buena parte de la mañana fotocopiando diarios de sesiones y otros documentos.

Antes del mediodía, sin embargo, ya estaba redactado en la oficina de Loiácono el borrador del decreto de destitución.

Lo comunicó
Colombo en su despacho hacia las 14.30 al propio Pou, quien concurrió mustio a la reunión, en el edificio de la ex SOMISA, que duró apenas 15 minutos. No hubo mucho tiempo para argumentos: Colombo se lo explicó como una decisión del Poder Ejecutivo sobre un cargo de un autónomo como el Central, a pedido de otro poder, el Congreso. Como si fuera una fábula ajena y los presentes no tuvieran nada que ver.

Cuando empezaba el partido en La Paz, el televisor encendido en la oficina de Colombo distrajo -un par de horas-a los senadores que esperaban al jefe de Gabinete. Eran el presidente de bloque, José Luis Gioja, y los miembros de la Comisión de Acuerdos que deben bautizar las designaciones en el Central, el chaqueño Horacio Salazar, el formoseño Ricardo Branda y el pampeano Carlos Verna.

Con ellos -empataba Argentina 1 a 1, al final del primer tiempo-Colombo negoció que la semana que viene el Senado acuerde la designación de
Maccarone. Como había dos vacantes, el gobierno impuso a Felipe Murolo y los senadores a Hugo Bruzzone, los dos ex directores del Banco Nación con Maccarone hasta 1999. Serán bautizados por el Congreso la semana que viene.

Cuando empezó el segundo tiempo,
Colombo ya estaba en la Casa de Gobierno, poblada de televisores mudos, vistos también en silencio distraído.

De la Rúa, Cavallo, Colombo y Gallo
resolvieron el final de la comedia. El Presidente quería postergar todo para hoy, pero pasaría casi todo el día en San Luis, en actos oficiales. No podría estar el Central sin presidente casi un día y medio.

Uno:
Pero Maccarone está en cama con gripe.

Cavallo:
Que se levante.

Otro: ¿Quién se lo dice a Pou?

Colombo:
Ya se lo dije yo.

Gallo: Hay que notificarlo, ¿quién va?

Se concentran en el televisor. Argentina hacía el segundo gol.

De la Rúa
(mirando el festejo): «Que vayan Chrystian y vos, Nicolás».

«Llamen a Maccarone y que venga a la Casa de Gobierno. Hacemos un acto chico y lo hacemos asumir de inmediato.»


Colombo y Gallo
pidieron copias del decreto, lo firmó De la Rúa ante ellos y se tomaron un auto con vidrios polarizados que dio varias vueltas hasta llegar al garaje de Reconquista al 200, sede del Central.

Hombres de Estado que se creían llamados a otro desempeño de la cosa pública actuaron con la sensación de pisar una dimensión irreal. Hombres grandes como
Colombo y Gallo tocaron la penumbrosa puerta del Central pasadas las 19.30 -ya Argentina se había recuperado del 2-3 y festejaba el empate después de hora-sin saber si el mendocino Pou los recibiría con artillería, si les abriría la puerta o no, si se notificaría con paz de su despido.

Le daba más hostilidad al episodio un grupo de movileros de «Radio 10» como único marco. Testigo mudo fue el subsecretario de Legales, Isidoro Di Batista,
«por si hay quilombo», explicó un custodio.

Cuando regresaron de la notificación Colombo y Gallo, casi a las 20, se produjo la asunción, que terminó con el habitual besamanos de todas las asunciones pero empapada de un tono mustio, amargo, casi como si se tratase de una despedida.

Maccarone
, levantado de urgencia de la cama donde se restablecía de una odiosa gripe, tampoco sabía, minutos antes de asumir en el Salón Blanco, si podría sentarse en la silla de Pou antes de la hora de la cena.

De la Rúa
, como si quisiera agotarlos a todos en el ejercicio de la perversidad, le ordenó a Colombo: «Ahora andá al Central y lo ponés en funciones a Maccarone, que mañana me voy de viaje». El mismo auto, casi la misma gente, el mismo chofer, la misma ruta, el mismo garaje.

Los esperaba
Pou pero ya solo. El saludo con Maccarone fue lo más afectuoso que se vio en la tarde, pese a la frialdad de dos que se conocen bien. Profesionales, cruzaron frases de circunstancia ante Colombo, jefe de un gobierno que no puede meterse en asuntos del Central. Se limitó el funcionario a pedirles una transición armoniosa.

Pou:
Mañana he citado al directorio para presentarte.

Maccarone:
Quiero que estés presente en la sesión, hay mucho que hablar.

Colombo
no quiso quedar fuera del montaje y recordó que hace 14 meses, cuando asumió en el Banco Nación, Maccarone lo había acompa-ñado a una primera reunión del directorio para presentarlo. Esperaba una sonrisa de alguien, pero Pou enfrió el aire para rematar: «No es lo mismo, además eso sigue de otra manera».


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