La local IMPSA (Industrias Metalúrgicas Pescarmona SA) logró ayer refinanciar una obligación negociable de u$s 137 millones, que vencía mañana. Se trata de la segunda empresa argentina en conseguir reprogramar su deuda desde que el país entrara en default, luego de que en marzo último Banco Hipotecario SA canjeara tres ON por un monto total cercano a los u$s 300 millones saldando al contado 15% de ese monto asumiendo el compromiso de pagar el resto en marzo de 2005.
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De los u$s 137 millones de su ON, la empresa que preside Enrique Menotti Pescarmona canjeó bonos por u$s 124,6 millones que rendían una tasa anual de 9,5% por otro bono de u$s 122,2 millones, a 11,5% y a 105% del valor nominal, pero con vencimiento en el año 2011. Otros u$s 4,1 millones rendirán el mismo interés, pero vencen en 2007 y se pagará 50% de su valor nominal. Esta deuda estaba en «default» desde diciembre. La operación contó con el Bank of America Securities como negociador. Cabe apuntar que el endeudamiento total de IMPSA asciende a u$s 260 millones.
En diálogo con este diario Rodolfo Hearne, director financiero (CFO) de IMPSAT, manifestó que «este acuerdo nos permitirá cotizar con chances de ganar licitaciones en Malasia, Filipinas, Brasil y República Dominicana, entre otros países; es imposible para una empresa en impago participar de esta clase de negocios». De hecho el propio Menotti Pescarmona se encuentra en Filipinas negociando algunos de esos contratos.
La primera consecuencia positiva de la renegociación fue la firma ayer mismo de un contrato para construir una grúa en el puerto de Paranaguá, cercano a la ciudad de Curitiba, por un monto de u$s 5 millones. La operación estaba «parada» a la espera de lo que sucediera con la deuda. «Este año esperamos participar en licitaciones que representan negocios por u$s 300 millones. Una operación que tenemos casi cerrada es la construcción de una presa hidroeléctrica en el estado de Minas Geraes por u$s 50 millones, que haríamos con dos socios por orden de la CEMIG (Companhia Eletrica de Minas Geraes)», dice Hearne. Estos negocios compensarán de algún modo la casi segura suspensión de dos obras adjudicadas a IMPSA en territorio argentino: las represas de Chihuidos (Neuquén) y Añacuá (complementaria de Yacyretá). «Pudimos renegociar porque 97% de nuestros ingresos provienen del exterior y, por lo tanto, son en dólares. Pero del mismo modo, sólo 8% de nuestra deuda está en pesos», dice Hearne.
Si bien la gran mayoría de los inversores aceptó la opción de cobrar a mayor plazo, una pequeña parte (menor a u$s 4 millones) aceptó cobrar dentro de cinco años pero con una quita de 50%. El resto de la deuda -bancaria y comercial- «se irá pagando con los ingresos de la compañía, y ya tenemos casi asegurados acuerdos para extender los plazos, por lo que podría decirse que tenemos resuelto la totalidad de nuestro stock de endeudamiento», garantizó el ejecutivo. «Este año tenemos vencimientos por unos u$s 40 millones, y ya llevamos pagados u$s 20 millones en lo que va de 2002».
En lo que hace al efecto de la devaluación en la competitividad de la empresa, Hearne dijo que «si tomamos la foto, podríamos decir que nos beneficia: 30% de nuestros costos son locales (en pesos). Pero si miramos la película completa, gana lo negativo: no hay sistema financiero y al momento de licitar una obra no sólo tenemos que explicar quiénes somos sino la situación argentina en general. Repito: los efectos negativos son mucho más importantes y significativos que una baja en parte de nuestros costos».
El año pasado IMPSA había facturado u$s 600 millones, y es posible que este año la cifra sea similar. La empresa opera en veinte países de América, Asia y Europa, y emplea allí a unos 6.000 trabajadores, en actividades que van desde la construcción al tratamiento de residuos. S.D.
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