Tras la dura golpiza del martes, que dejó al mercado como sorprendido, ayer volvieron los «osos» apaleando a diestra y siniestra: ahogando cualquier tipo de reacción, y engrosando la corriente de oferta, a pesar del fuerte rebaje de los precios. El Merval fue empujado hasta poder hacer pie recién en los 1.634 puntos -en términos redondos, unos cien puntos abajo en un par de ruedas- y gozó de un máximo muy cercano al cierre anterior, de 1.688 puntos. El final dejó al indicador en una marca debilitada y con 1.647 puntos, lo que se tradujo en un porcentual bajista de parecido nivel al anterior 2,34%. Así en dos ruedas, la plaza rodó con 5% de desmejora, lloviendo órdenes vendedoras que se habían ausentado -sugestivamente- en la fecha alcista, donde todo pareció sonreír a la actitud compradora.
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Sin un sesgo vertical, más bien escalonando, el total de negocios quedó ahora en los $ 113 millones. Y esto resultó un ambiente demasiado líquido, como para poder rearmar los diques de contención. La posibilidad más próxima, salvo que exista una motivación por debajo de superficie, atraviesa el plano del operador ambiguo y que favorece los rebotes. La tan vilipendiada «especulación» es la carta corta, como que los vendedores recompongan posiciones abajo -con esta brecha- y produzcan un frente. Lo que quedó en claro, de semejante «bochinche», es que en Bolsa para poder ganar... hay que saber sufrir.
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