Las zonceras económicas del relato M

Economía

El gobierno de Mauricio Macri hizo hincapié constante en la reducción del gasto público como plataforma para bajar la inflación y dinamizar el crecimiento. Después de cuatro años la inflación cerró 2019 con un 54% y el crecimiento entre 2016 y 2019 tuvo un promedio negativo.

Por el Observatorio de Economía Política del Centro Cultural de la Cooperación

Entre 2016 y 2019 durante el periodo de gestión de Cambiemos (Alianza UCR – PRO – Coalición Cívica) se generaron varios hechos económicos que permite repensar lo que se enseña en las universidades y los autores que, no siendo de este lado del Río de la Plata, ni si quiera se enseñan con la rigurosidad que merece cada pensador fundador de la Economía Política. Primero, según David Ricardo el capital, trabajo y tierra “en distintas formas de sociedad, las proporciones del producto total de la tierra que serán imputadas a cada de una de las tres clases, bajo los nombres de rentas, utilidad y salarios, serán esencialmente diferentes, dependiendo principalmente de la fertilidad real del suelo, de la acumulación de capital y de población, y de la habilidad, del ingenio y de los instrumentos utilizados en la agricultura. La determinación de las leyes que rigen esta distribución es el problema de la Economía Política”.

El problema de la economía política es la distribución que se da en la sociedad de las retribuciones como el salario, la renta y la utilidad. Analizar la producción y luego el espacio de la circulación. El orden no altera el resultado, aunque es preciso ordenarlo. Como primera conclusión y diferencia, el objeto y las leyes de la economía política no son, justamente, la elección, la utilidad, los gustos o preferencias.

En tanto objeto de estudio para David Ricardo, en las primeras hojas del Capítulo I | Sobre el Valor donde detalla partiendo de que la palabra valor tiene dos significados diferentes: valor de uso y valor de cambio. Avanzó en desarrollar la idea que esta relación entre lo que tiene valor de uso tal vez tenga escaso valor de cambio y viceversa, para analizar que la “utilidad” no es la medida del valor en cambio, aunque es absolutamente esencial para éste. Si un bien fuera, de ningún modo útil –en otras palabras, si no puede contribuir de ninguna manera a nuestras satisfacciones-, no tendría ningún valor de cambio, por escaso que pudiera ser, o sea cual fuere la cantidad de trabajo necesaria para obtenerlo.Por poseer utilidad, los bienes obtienen su valor de cambio de dos fuentes: de su escasez y de la cantidad de trabajo requerida para obtenerlos.

Existen ciertos bienes cuyo valor está determinado tan sólo por su escasez. Ningún trabajo puede aumentar la cantidad de dichos bienes y, por tanto, su valor no puede ser reducido por una mayor oferta de los mismos. Ciertas estatuas y cuadros raros, libros y monedas escasos, vinos de calidad peculiar, que sólo puede elaborarse con uvas cosechadas en determinado suelo, del cual existe una cantidad muy limitada, todos ellos pertenecen a este grupo. Su valor es totalmente independiente de la cantidad de trabajo originariamente necesaria para producirlos, y varía con la diversa riqueza y las distintas inclinaciones de quienes desean poseerlos.

Sin embargo, estos bienes constituyen tan sólo una pequeña parte de todo el conjunto de bienes que diariamente se intercambian en el mercado. La mayoría de los bienes que son objetos de deseo se procuran mediante el trabajo, y pueden ser multiplicados, no solamente en una nación, sino en muchas, casi sin ningún límite determinable, si estamos dispuestos a dedicar el trabajo necesario para obtenerlos.

Por tanto, al hablar de los bienes, de su valor de cambio y de las leyes que rigen sus precios relativos, siempre hacemos alusión a aquellos bienes que pueden producirse en mayor cantidad, mediante el ejercicio de la actividad humana, y cuya producción opera la competencia sin restricción alguna”.

Toda una rama de la economía política, que paso a ser “ciencia económica”, baso sus fundamentos e ideas en la escasez. Realizando análisis sobre la realidad que luego se aplicaban como políticas económicas. Por dicha escasez surgen zonceras económicas como que “no podés gastar más de lo que te ingresa” o “darle a la máquina genera inflación”. Sigamos al pie de la letra dichos pensamientos, pero tomando los dichos del Ministerio de Economía bajo la conducción de Nicolás Dujovne, quien planteó en su presentación del presupuesto 2018 al Congreso, lo siguiente: “El gasto público subió 16 pp en términos del PBI entre 2006 y 2015 pasando de 26% a 42%. A pesar de la disminución del gasto público en términos del PBI durante este año, Argentina continúa siendo el país con mayor gasto público en términos del PBI de Latinoamérica y se ubica 8% por encima del promedio de los países con PBI per cápita similar al nuestro. Es posible identificar tres grandes ítems que motorizaron el crecimiento del gasto público entre 2006 y 2015: la masa de salarios públicos (creció 4,8 pp –impulsada principalmente por incrementos en las Provincias y Municipios), el gasto previsional (4,6 pp) y las transferencias al sector privado (4,0 pp, impulsadas por los subsidios indiscriminados a los servicios públicos). El mayor gasto perjudicó las posibilidades de crecimiento del país, tanto por deteriorar las condiciones macroeconómicas como —en el caso de los subsidios a los servicios públicos— por provocar severas distorsiones en los precios relativos”.

Como plantea el ex ministro que “identifica tres grandes ítems que motorizaron el crecimiento del gasto público” y que condicionó el crecimiento del país y que deterioraron las condiciones macroeconómicas.

Corrigieron lo que se denomina Resultado Primario, en economía el Resultado Fiscal está compuesto por el Resultado Primario y Financiero. La relevancia siempre está puesta en la evolución del Resultado Fiscal y no del “primario” como fue presentado constantemente, ese “resultado primario” es la diferencia entre el gasto público y los ingresos.

Como el problema era la motorización del gasto público: por masa salarial (empleados de estatales provinciales y municipales), gasto previsional (jubilados, AUH y ampliada) y transferencias al sector privado (subsidios a la electricidad, agua, gas y transporte) y como el análisis parte del error histórico de la escasez entonces “no se podía gastar más de lo que ingresaba”, cobraba sentido. Los ingresos surgen de los impuestos que se recaudan, la alianza 2016-2019, fue reduciendo gradualmente los impuestos y manteniendo el gasto o incrementándolo por debajo de la inflación.

Se sumó que al tomar tanto endeudamiento: entre abril de 2016 y abril de 2018 se tomó deuda en el mercado, luego se cerró ese financiamiento y luego se recurrió al FMI. Pero esa toma de deuda dejó un resultado financiero (intereses de la deuda que hay que pagar) explosivo.

En 2016 el resultado fiscal fue de 6,4% del PIB (Primario 4,7% y Financiero 1,7%) con una inflación del 40%; en 2017 se alcanzó el 9,8% del PIB (Primero 3,8% y Financiero 6%) y la inflación fue del 24,8%; en 2018 con una inflación del 47% el resultado fiscal fue de 7,3% del PIB (Primario 2,3% y Financiero 5%); y para 2019 el resultado fiscal fue de 5,24% del PIB (Primario 0,96% y Financiero 4,28%) con una inflación del 54%.

Por lo tanto, reducir el gasto público o realizar el “ajuste primario” no generó las condiciones macroeconómicas de estabilidad que se pretendían porque se terminó con una inflación del 54%. Tampoco contribuyó todo este “ajuste del gasto” para mejorar los datos de crecimiento, entre 2016 y 2019, tuvo un promedio negativo, y por primera vez, desde la convertibilidad, no teníamos dos años de crecimiento negativo (2018 y 2019). Como dato final y retomando los dichos de Ricardo sobre la distribución y las retribuciones al salario y las utilidades, tomando los datos de generación del ingreso, la participación en la riqueza generada entre 2016 y 2019, el trabajo pasó de 54% a 45% y el capital de 35% al 44%, lo que significa que el trabajo perdió participación ante el capital por casi unos 10 puntos porcentuales que se vio reflejado en la pérdida de puestos de trabajo, el crecimiento del monotributo y la precarización del empresariado.

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