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6 de abril 2022 - 00:00

Un camino alternativo a la dolarización

Hemos escuchado diversas voces provenientes de sectores políticos más vinculados al liberalismo sobre las bondades de la dolarización para frenar nuestro proceso inflacionario. Pero si realmente queremos lograr de manera más contundente y acelerada una reducción de la inercia inflacionaria debemos plantearnos un plan de estabilización que sintetice básicamente los siguientes puntos.

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Antonio Aracre

https://fmfuturoneuquen.com.ar/

En las últimas semanas hemos escuchado diversas voces provenientes de sectores políticos más vinculados al liberalismo sobre las bondades de la dolarización para frenar nuestro proceso inflacionario. Resumidamente, ponderan las ventajas del cerrojo monetario que evitaría el flujo del exceso de dinero sobre los precios, pero no se detienen demasiado en describir las dificultades y los riesgos que traería para sostener crecimiento y reducir el costo del endeudamiento.

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La Argentina tiene hace décadas un fenómeno inflacionario persistente que se retroalimenta con mecanismos indexatorios que por un lado le han permitido a la comunidad funcionar y sobrevivir a tamaña complejidad, pero por el otro la dejan encerrada en una inercia alcista muy difícil de escapar.

Si bien la inflación es un problema grave que atraviesa transversalmente a toda la sociedad, el verdadero enemigo menos visible lo constituye la desigual puja distributiva latente en los comentados procesos indexatorios que por lo general terminan en una notable distorsión de los precios más importantes de la economía.

Veamos cuáles son esos precios fundamentales en puja permanente durante un espiral inflacionario. En un país con una matriz productiva muy dependiente de las importaciones, el dólar; las tarifas públicas (públicas más por el tipo de servicio que prestan que por la naturaleza del capital de las empresas); los bienes y servicios que se comercializan en el mercado interno y por último, el eslabón más débil, los salarios y los ingresos de los trabajadores registrados e informales.

Ninguno de estos cuatro precios fundamentales de la economía tienen hoy un ancla predeterminada. Hay sin embargo un sendero de ordenamiento macroeconómico que deja el acuerdo con el FMI que tendrá a mediano plazo un efecto virtuoso en la reducción de expectativas inflacionarias vinculado a la significativamente menor emisión monetaria, la reducción del déficit fiscal y el sostenimiento de tasas reales positivas para contener la presión sobre los dólares financieros.

Si queremos lograr de manera más contundente y acelerada una reducción de la inercia inflacionaria sobre los cuatro precios fundamentales mencionados en el párrafo anterior, debemos plantearnos un plan de estabilización que sintetice básicamente los siguientes puntos y los ejecute antes que termine el primer semestre del año:

Cumplidos estos pasos, los argentinos deberíamos proponernos lo que un torniquete hace con una hemorragia. Frenar todos los procesos indexatorios de forma mandatoria por seis meses. Romper la inercia devastadora que se nos impone. Y finalmente al cabo de seis meses revisar los precios relativos y corregir quirúrgicamente aquello que haya quedado más distorsionado para iniciar gradualmente el regreso a la normalidad, tal como se reducen los corticoides lentamente en un paciente que sufre una inflamación severa.

La pregunta final que se impone es cuál es el plafón político que existe en la sociedad argentina actual para una concertación de esta magnitud. ¿Elegiremos sentarnos a conversar como nos propuso el presidente Alberto Fernández en el CCK la semana pasada para acordar una salida conjunta de este flagelo? ¿O los argentinos de verdad seremos tan individualistas como para seguir sosteniendo un mecanismo perverso que nos hace mal a todos?

(*) CEO de Syngenta

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