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Kirchner viene obsesionado desde que asumió la presidencia por las encuestas que le indican la baja consideración que tiene el FMI en el público argentino (y en el de muchos países del mundo) como culpable de todas las desgracias.
Esas muestras coexisten con las que indican que los mismos encuestados responden que es bueno para el país llegar a un acuerdo con el organismo. Esa contradicción aparente la tradujo hace rato en esa metáfora del «desendeudamiento», la forma que encontró el Presidente de convertir el viejo gesto de pagar en un acto de heroísmo revolucionario y digno de ser festejado con aplausos de pie ayer en el Salón Blanco.
Conocían el secreto unos pocos, los primeros,
Por eso el jefe de Gabinete -cuyo cargo equivalea un primer ministro en un sistema parlamentarioaporovechó un viaje programado de 12 mil kilómetros para informar la novedad. Para lograr el consentimiento de Madrid ayer mismo, cuando se anunciaba el pago al FMI, ya estaban en la comisión bicameral de renegociación de los contratos los de Edenor, Edesur y TransNeuquén, que se suman a los tres que en las últimas horas aprobó ese ente (la ruta a Cañuelas y Gas Ban, dos concesiones a empresas españolas; el tercero es Transnoa).
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