"Invertir hoy en la Argentina es como jugar a la ruleta"
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Carlos Zarazaga
Periodista: ¿Cree que con la aceptación que tuvo el canje de deuda en default el país recuperó credibilidad?
Carlos Zarazaga: Todos los problemas económicos e institucionales de la Argentina pueden resumirse en «credibilidad y marginalidad». Ni la tasa de aceptación del canje ni las tasas de interés que el gobierno convalida en sus colocaciones de deuda son indicadores relevantes para evaluar la solvencia y la credibilidad del país. La alta aceptación que tuvo el canje era previsible ante la alternativa de no cobrar nada. Los bonistas simplemente dedujeron que estaban ante un país al que poco le importaba su reputación y, por lo tanto, era mejor cobrar lo poco que se les ofrecía y llevarlo a otros países donde los traten mejor.
P.: ¿Eso quiere decir que los inversores de largo plazo ya no invertirán en la Argentina, aun cuando los bonos de la nueva deuda están subiendo fuertemente?
C.Z.: Los inversores de largo plazo están siendo reemplazados por capitales especulativos, porque siempre hay gente dispuesta a jugar a la ruleta. Pero por su misma naturaleza, los capitales especulativos que se arriesgan a financiar a un país en cesación de pagos como la Argentina-son peligrosamente volátiles y cuantitativamente insignificantes. Por eso las tasas de interés a las que se hacen esas «apuestas» dicen poco sobre el clima de negocios del país.
C.Z.: Con el sistema de licitaciones, los gobiernos pueden salvar las apariencias fijando la tasa de corte por debajo de la necesaria para cubrir todos los vencimientos mientras tengan superávit fiscal para cubrir la diferencia.
P.: ¿Cree que es más oportuna la emisión de deuda en dólares que en pesos atada a la inflación?
C.Z.: No importa mucho si la deuda pública se indexa en pesos o en dólares. Al fin y al cabo, en términos reales hay que pagar lo mismo con el mismo superávit fiscal.
C.Z.: Por eso hay que buscar un indicador del clima de negocios imperante que esté menos sujeto a distorsiones especulativas y que sea más difícil de manipular. Ese indicador es el porcentaje del PBI que se destina a la inversión porque pone en evidencia qué porcentaje de su ingreso cada argentino está dispuesto a invertir en el país. Es difícil encontrar un medidor de confianza más elocuente y se encuentra hoy en niveles históricamente bajos. En el primer trimestre la inversión representó 17% del PBI, muy por debajo del promedio de 23% en el período 1951-79 y muy similar a la tasa de inversión que prevaleció durante la tristemente célebre «década perdida» de los '80, un dato preocupante cuando se recuerda que en esos diez años el PBI por habitante cayó un inédito 22%.
P.: Usted señaló esa descapitalización en el estudio sobre el crecimiento económico argentino que hizo con el último Premio Nobel de Economía, Finn Kydland, pero durante la década del '90 hubo una recuperación importante en esa materia.
C.Z.: Sí, pero el país nunca se recuperó «cabalmente» del severo proceso de descapitalización de los '80. El terreno recuperado parcialmente en los '90 se perdió casi totalmente en la crisis 1998-2002, al punto que hoy el capital por trabajador, es decir, la cantidad de máquinas y herramientas de que dispone un operario medio, es 20% menor que hace 25 años. Esta es una declinación dramática del capital, que significa menor productividad del trabajo y, por lo tanto, menores salarios reales. Esto explica el aparente misterio de que a pesar de la fuerte recuperación en curso muchos argentinos comunes ven un país más desigual, menos próspero y más inseguro que hace siete años, como describe «The Economist» en su edición del 23 de julio.
P.: ¿La baja inversión entonces está repercutiendo en los salarios?
C.Z.: Es síntoma inequívoco de poca credibilidad y resulta en bajos salarios y éstos a su vez van de la mano de la marginalidad social. Así es como la conexión entre «credibilidad y marginalidad» queda establecida. Es muy importante que esta conexión le quede en claro a muchos argentinos que parecen creer que el problema de baja credibilidad y poca inversión es de los ricos. Los que más sufren las consecuencias de un proceso de descapitalización como el que padece la Argentina son los pobres, los obreros no calificados. La razón es que el factor de producción más escaso es el que se paga mejor. Y cuando escasea el capital, los que se benefician son los propietarios de la tierra y del capital, ya sea físico o humano.
P.: ¿Qué pasaría si el gobiernocumple con las demandas salariales?
C.Z.: Intentos de aumentar los salarios reales sin resolver la baja credibilidad que afecta al país terminarán necesariamente en una mayor inflación, tanto más alta cuanto menos dispuestas estén las autoridades a reconocer la estrecha vinculación que las leyes económicas establecen entre credibilidad, salarios reales y marginalidad. La tarea de recuperar la confianza no es fácil para un país que parece empecinado en aplicar políticas basadas en el principio «no pague y prospere».
Entrevista de Florencia Lendoiro




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