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5 de febrero 2007 - 00:00

Invitan a Brasil a otra cumbre de países ricos

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París - México y Brasil participarán en la reunión de ministros de finanzas del G-7, el grupo de los países más ricos del mundo, que se celebrará el 9 y 10 de febrero en Essen (Alemania), junto con otros estados emergentes, a los que se invitará a mejorar los mercados de bonos.

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Se espera que el secretario mexicano de Hacienda, Agustín Carstens, y su homólogo brasileño, el ministro Guido Mantega, participen el viernes en una cena de trabajo junto con sus pares del G-7 y de China, India, Rusia y Sudáfrica, sobre «el desarrollo de los mercados de bonos en los países emergentes» y sobre comercio. Podría haber estado la Argentina en este panel, pero su poco peso en la economía internacional y el default aún no concluido con 100% de bonistas la alejan de este tipo de eventos. Para la presidencia del G-7, que este año ejerce Alemania, el desarrollo de los mercados de bonos en esos países emergentes «puede desempeñar un papel más importante en mejorar la estabilidad de los mercados financieros. También puede hacer que los citados países sean menos vulnerables ante las crisis y, en conjunto, mantener la estabilidad en el crecimiento económico mundial», según un documento del Ministerio de Finanzas. Los presidentes de Brasil y México también están invitados a la cumbre del G-8, que se celebrará en junio en Heiligendamm (Alemania), y en la que Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Alemania, Japón, Italia y Canadá repasan junto con Rusia la actualidad mundial y proponen diversas iniciativas.

En Essen, los ministros y los gobernadores de los bancos centrales del G-7 también abordarán de manera informal, es decir, sin tomar decisiones,cómo mejorar la estabilidad de los mercadosfinancieros, dirigir la política fiscal para promover un uso de la energía eficaz y las energías renovables, la mejora de la política fiscal en Africa y la reforma del Fondo Monetario.

  • Centro de atención

  • Más allá de esto, la depreciación del yen japonés y su debilidad crónica centrarán la atención de los ministros de finanzas del G-7. «La recuperación coyuntural que atraviesa actualmente Japón debe reflejarse en el tipo de cambio del yen», dijo recientemente Jean-Claude Juncker, presidente del Eurogrupo, formado por 13 países de la Unión Europea (UE), que quiere que la moneda nipona se aprecie. También estudiarán cómo dirigir la política fiscal para promover un uso eficaz de la energía y las energías renovables. Pero el yen puede ser el tema estrella. Los países europeos han criticado sin decirlo al gobierno japonés, que supuestamente presionó al Banco Central para que mantenga las tasas de interés bajas, lo que contribuye a mantener el yen también bajo y a que la economía sea muy dependiente de las exportaciones. Pero no es probable que mencionen al yen en su comunicado final, ya que esto se percibiría como una invitación a las autoridades japonesas para que intervengan. Uno de los integrantes del G-7, Estados Unidos, es escéptico. El secretario estadounidense del Tesoro, Henry Paulson, afirmó vigilar «la divisa japonesa muy de cerca». Según Paulson, el yen refleja los datos económicos fundamentales del país, cuya recuperación sigue siendo frágil tras una década difícil. Japón, por su parte, no quiere que hablen de él en Essen.

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