Kirchner contra el Fondo y países que subsidian agro

Economía

Nueva York (enviado especial) - Néstor Kirchner eligió ayer cuatro capítulos clásicos para su mensaje dentro de la 61ª Asamblea General de las Naciones Unidas: la crítica al FMI, los reclamos por las islas Malvinas, la defensa de su política de derechos humanos y el llamado para que se reduzcan los subsidios agrícolas. Como novedad incluyó, además, dos temas nuevos mencionando elípticamente a los responsables: las críticas contra la instalación de las papeleras de Fray Bentos y el llamado a que la lucha contra el terrorismo se haga dentro de parámetros legales.

Kirchner comenzó su discursopoco antes de las 17.45. Eligió para esta oportunidad traje cruzado oscuro (cerrado), corbata roja y camisa blanca. En los asientos reservados para la delegación argentina se acomodaron Cristina Fernández de Kirchner, Felisa Miceli, el canciller Jorge Taiana; el secretario legal y técnico, Carlos Zannini, el senador José

Pampuro y el diputado José María Díaz Bancalari; estos tres muy atentos a la fidelidad de la traducción oficial del inglés y el francés que ofrecía el servicio institucional de la ONU (no se sacaron nunca los auriculares para la traducción simultánea mientras habló Kirchner).

El diseño final del discurso había sido preparado al mediodía en dos sesiones cerradas. Una primera en la habitación oficial del hotel Four Seasons, a donde llegaron luego de los actos de la mañana en la Bolsa de Comercio. La segunda fue en la oficina de la Argentina en la sede de la ONU. En el temario participaron Cristina Fernández, Taiana, Zannini y, en los últimos tramos, el cónsul argentino en Nueva York, Héctor Timerman; en este caso, más en un rol de censor que de redactor.

Ya en el recinto, y luego de los saludos diplomáticos de rigor, Kirchner comenzó con su mensaje. El momento en el que Kirchner más enfático se mostró, dentro de un discurso más bien monocorde, fue cuando se dedicó a embestir nuevamente contra el FMI y los organismos financieros internacionales. Mirando a la audiencia, y con el mismo tono y métrica que cuando habla en sus habituales diatribas en el Salón Dorado de la Casa de Gobierno, el Presidente dijo, luego de rescatar los «logros económicos» de la Argentina en los últimos años, que éstos «no han sido acompañados por el Fondo Monetario Internacional, que nos ha retaceado toda ayuda y es más, lo hemos logrado desoyendo, cuando no contradiciendo sus recetas. El mundo ha cambiado, y esos organismos no. Por eso apoyamos la reforma de la arquitectura del sistema financiero internacional». Con esto Kirchner criticó, además, las últimas reformas aprobadas por el organismo que dirige Rodrigo de Rato.

En el caso de las papeleras, Kirchner mencionó el tema indirectamente y cuidándose de no hablar puntualmente de Uruguay y del gobierno de Tabaré Vázquez. Los cañones apuntaron más bien a las empresas Botnia y ENCE, también sin mencionarlas con nombre y apellido, pero criticando a los Estados desarrollados: «Para hacer crecer sus industrias los países más industrializados han usufructuado un verdadero subsidio ambiental del resto de países, que conforman hoy con su atraso relativo una verdadera reserva ecológica mundial». «Por eso -continuó- no podemos admitir que esos países que han logrado mayor desarrollo, muchas veces a costa de la degradación del medio ambiente y produciendo una fuerte afectación mundial evidenciada en el cambio climático, quieran trasladarnos la parte contaminante de sus procesos industriales.» Kirchner inauguró así oficialmente la teoría sobre la instalación de las papeleras de Fray Bentos en Uruguay como parte de una estrategia de «degradación del medio ambiente» en los países en desarrollo, traslado de las plantas de las industrias contaminantes del primero al tercer mundo.

  • Proteccionismo

    Kirchner se reservó nuevamente un párrafo para criticar las políticas de ayuda para los productores agrícolas de los países desarrollados, un tema que el martes había sido desgranado largamente por el brasileño Luiz Inácio Lula da Silva. Fue un punto poco claro en el mensaje presidencial. Kirchner habló de la necesidad de lograr un éxito en la ronda de Doha (terminada oficialmente hace dos meses y en espera de una nueva rueda de negociaciones dentro de la ONU) y llamó a la reducción de los «subsidios domésticos» en los países centrales. Seguramente el Presidente se refería a los «subsidios agrícolas», ya que « subsidio doméstico» refiere a la ayuda económica vía baja de impuestos y de aportes directos e indirectos por parte del sector público; de los que el gobierno argentino aplica de a miles de millones de pesos.

    El capítulo sobre los derechos humanos fue el primero que mencionó Kirchner en su discurso de aproximadamente 15 minutos. El Presidente aseguró que luego de dos décadas de democracia «en la Argentina hay un cambio de paradigma» en relación con los derechos humanos y «en contra de la impunidad».

    Este tema derivó luego en otro de los capítulos nuevos en los discursos presidenciales en la ONU, la necesidad de combatir el terrorismo bajo «el respeto a los derechos humanos y al derecho humanitario internacional». Fuentes de la delegación argentina aseguraban que la elección de esta forma de encarar el tema resulta una forma indirecta de criticar a los Estados Unidos en su política en Irak.

    Para el final, como en las anteriores tres oportunidades en las que habló en la Asamblea de la ONU, Kirchner se refirió al conflicto con Gran Bretaña por las islas Malvinas. Dijo que «el gobierno británico sigue haciendo caso omiso de las resoluciones de esta asamblea» y que se debe «dar pronto cumplimiento al pedido de la comunidad internacional de reanudar las conversaciones».

    Había hablado antes de la crisis en Medio Oriente, sin marcar a quién de los dos bandos apoya la Argentina; e hizo un llamado a un uso responsable de la energía nuclear, sin tampoco definirse en una crítica abierta a Irán. Para ambos párrafos, los asesores de Kirchner estuvieron tomando nota durante el martes y ayer sobre el mensaje que los mandatarios y representantes europeos hacían ante la Asamblea de la ONU. Los argentinos quisieron mostrarse algo críticos frente a la política de los Estados Unidos, pero sin alejarse demasiado de lo que manifiesten sus aliados europeos occidentales.
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