La Argentina se consolidó durante 2004 como el país con mayor presión impositiva de América latina, contemplando las alícuotas de los tributos a las Ganancias y al consumo. Si bien en cada uno de los impuestos hay estados con porcentajes tributarios mayores, la combinación de éstos hace que en el agregado la Argentina supere largamente al resto de los países latinoamericanos.
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Pero hay algo peor. Si a estos tributos se les suman los impuestos más distorsivos del sistema argentino (el del cheque y las retenciones a las exportaciones), la presión total se eleva aún más. Este panorama genera una pérdida importante en la posibilidad de competir comercialmente con el resto de los países de la región, en momentos en que la Argentina quiere comenzar a dibujar un esquema de liberalización del comercio dentro de la proyectada Unión Sudamericana. De no mediar una reducción en la presión impositiva, la Argentina debería mantener un nivel de tipo de cambio alto para poder mantener el valor de su producción competitivo frente al resto de los países de la región. El listado que ocupa el país en el ranking latinoamericano de presión fiscal varía según el tributo que se analice. Según un análisis de la consultora Pricewaterhouse Coopers y la Fundación Mediterránea, en el caso del Impuesto a las Ganancias para las sociedades, el porcentaje se ubica en 35%, un nivel similar al de México y superior al 25% brasileño, teóricamente el principal rival de la Argentina en cuanto a la atracción de inversiones privadas. En el caso del Impuesto a las Ganancias para las personas físicas, el porcentaje local repite 35% y es superado por Chile y México, ambos con 40%. Brasil aplica 25,7%, Venezuela 34% y Perú 27%. Ni Uruguay ni Paraguay aplican este impuesto, mientras que Bolivia lo mantiene históricamente en 13 por ciento.
En el caso del Impuesto al Valor Agregado (o su equivalente en cada país), la Argentina aplica 21%, lo que implica que está sólo por debajo de Uruguay, que impone 23%. Brasil tiene una banda porcentual que va de 7% a 25%, cuando este último nivel llega únicamente a artículos de consumo, y los bienes más generalizados (alimentos, servicios públicos, remedios, bebidas, etc.) tienen la presión más baja del sistema.
• Cheques
A estos impuestos hay que agregar aplicación del impuesto al cheque, un tributo que tiene su origen en Brasil y que actualmente está generalizado, por recomendación del Fondo Monetario Internacional (FMI) en todo el continente, y que en la Argentina tiene el porcentaje de presión más alto con aproximadamente 1,2%. El tributo tiene un nivel de 0,38% (sólo a los débitos) en Brasil, 0,3% en Perú, 0,4% en Colombia y 0,5% en Venezuela (también en estos dos casos para débitos y no créditos).
En el caso de las retenciones a las exportaciones, que llegan a 25%, en el resto de los países latinoamericanos prácticamente no existe.
Un trabajo que presentará esta semana la Fundación Mediterránea, titulado «La verdadera presión tributaria en la Argentina» y coordinado por el economista Nadin Argañaraz, muestra que la Argentina tendría un doble problema de altas alícuotas impositivas, con lo cual estaría en un momento ideal para « aprovechar la oportunidad y reducir tributos». Según el informe, los primeros impuestos que deberían reducir su alícuota serían el tributo a los débitos y créditos bancarios (impuesto al cheque) y las retenciones a las exportaciones. Según el trabajo, sería peligroso esperar mucho tiempo más para comenzar a desmantelar estos dos impuestos ya que podrían afectar seriamente la reactivación económica y convertirse en un eje central en la recaudación argentina.
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