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Durante la vigencia de la convertibilidad casi nadie se animó a criticarla, y menos en los inicios de la misma. Eduardo Curia, fue uno de los pocos economistas, que si bien compartió la idea de que era necesario un sistema rígido como el que se instauró en 1991 para contener la inflación, advirtió que desde su concepción el régimen de convertibilidad tenía errores que debían ser corregidos.
En diálogo con ámbito.com, Curia repasó en detalle cómo la Argentina llegó a la convertibilidad, su implementación, desarrollo y final de la que fue una de las décadas que más marcas dejó en la sociedad y que sin duda será una de las más recordadas en la historia del país. A continuación los pasajes más destacados de entrevista:
Periodista.: ¿Cómo se llega a la convertibilidad?
Eduardo Curia.: En un contexto de hiperinflación, desequilibrios fiscales y monetarios de primer orden, problemas de endeudamiento externo, una degradación tremenda de la economía, había que recurrir a un mecanismo que atacara a los fundamentos básicos de la economía. Había que realizar una especie de reconstitución monetaria, cambiaria y fiscal también, por eso surge la convertibilidad. Se puede decir que es un esquema que lo tiene a uno constreñido, lo alimenta pero lo constipa, pero sin embargo creo que en aquel momento esa extrema rigidez era funcional para la problemática argentina. Más allá de que en los '90 fui de los más duros críticos de la convertibilidad junto con Eduardo Conesa, para el momento que se atravesaba era recomendable implementarla, en ese momento fui un defensor de la convertibilidad. Como viceministro de Economía, fui el primero que puso sobre la mesa el tema de la convertibilidad en el año 1989.
P.: ¿Había otra alternativa a la convertibilidad?
E.C.: En ese momento se tenía la opción de un mecanismo como el de la convertibilidad, que era un esquema, a mi criterio, más completo, y otras alternativas que eran más deflacionarias como podían ser los mecanismos de punción monetaria, como fue el plan Bonex que salió entre gallos y medianoche. Cuando es cancelada la propuesta mía de convertibilidad de 1989, de repente, y porque algo había que hacer, se exhuma rápidamente el plan Bonex que era una punción monetaria de títulos públicos, esa era la otra vía en el momento. Estudié con mi equipo cómo eran las opciones, pero me parecía que dentro de lo que había que atacar en ese momento, la convertibilidad era más completa y que una vez establecida tenía un sentido de impulsión económica que la otra vía no tenía. Así que, dentro de lo limitado que se estaba a implementar elementos tipo cepo, la decisión más halagüeña era la convertibilidad.
P.: ¿Qué opina sobre cómo fue implementada la convertibilidad?
E.C.: Lo mío a fines de 1989 fue una propuesta que el entonces presidente Carlos Menem acepta primariamente pero después suceden una serie de acontecimientos y reacciones, hubo gente que se opuso, entre ellos Cavallo que en esa época era Canciller. En cuanto a la convertibilidad, éramos varios que estábamos proponiendo un esquema de ese tipo, estaban Gabriel Rubinstein, Walter Graziano, entre otros, no crean que Cavallo descubrió el mundo. El entonces ministro de Economía, Antonio Erman González, no se dio cuenta a tiempo de que quién aplicaba la convertibilidad se llevaba el rédito. Si bien al principio lo convencí y a Menem también, al final Erman González dudó, se dejó arrastrar por presiones. Se demoró la aplicación de la convertibilidad, debería haberse realizado a fines de 1989. Al año siguiente, en el que estuvieron los dos González, Antonio Erman González como ministro de Economía y a la vez presidente del Banco Central entre marzo y junio de 1990 y Javier González Fraga que lo sucedió en el BCRA desde junio, se produjo un proceso de apreciación cambiaria feroz. Fue terrible como pasamos de un dólar altísimo a una situación de apreciación cambiaria, en lo que yo denomino la flotación incierta de González Fraga. Después, hay un problema original en la convertibilidad cuando se aplica, y es que cuando Cavallo toma la posta en 1991, él debería haber seguido con el proceso que venía, no clavar todavía el tipo de cambio, adaptarse y
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