Ayer se confirmó que la inflación de noviembre fue de 1,2% (se superó ya meta anual de 11%), pero con datos importantes para tener en cuenta. Sorprendió la fuerte alza en alimentos: la canasta básica subió 3,3%, lo que paralelamente frena toda reducción de los índices de pobreza. Diciembre comienza con un arrastre de 0,5%, y si ya se le suman los aumentos operados en taxis, como mínimo estará en otro 1% el aumento del costo de vida. Las subas son generalizadas -bienes y servicios-, es decir, la solución no pasa por resolver determinados sectores. La tendencia a futuro no es alentadora: la inflación «núcleo» -aquella que no toma en cuenta factores estacionales o precios que fija el gobierno- fue más alta, de 1,4%. Queda claro que, más allá del crecimiento, la herencia que dejó Roberto Lavagna dista de ser la mejor.
Es importante la «inflación núcleo» porque no toma en cuenta precios que suben o bajan por razones estacionales ni aquellos que fija el gobierno como tarifas. Así se puede ver la tendencia real de fondo, en noviembre alza, de los precios al consumidor.
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Desde noviembre del año anterior los precios registran un aumento de casi 12%, mientras que desde enero último la inflación acumulada supera la pauta anual del gobierno de 10,5%.
En cuanto al rubro servicios (que creció 1%), sigue presionando en los precios el alza de cuotas en los servicios de medicina prepaga ( atención médica y gastos para la salud subió 1%) y educación (1%), así como el aumento de los servicios de taxis y el que sufrieron los abonados a los servicios de cable.
En el mismo mes del año anterior, los precios minoristas al consumidor no habían tenido variación. Desde la crisis de 2001, el índice acumula un alza de 71%.