Como ocurre con los BODEN que le compra al país, o el fueloil que envía para paliar la crisis energética, Hugo Chávez incorporó la leche en su menú de operaciones redituables con la Argentina. Poco tiene de beneficencia su intervención. Con los títulos de deuda hace jugosas operaciones de venta con los bancos que operan en Caracas.
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También con el fueloil que el país le compra (la operación la hace en realidad Cammesa, compañía mayorista del mercado eléctrico) a PDVSA (Petróleos de Venezuela) que, a su vez, ésta le adquiere a Petrobras. Hay, claro, una comisión en el medio; más que mandatario parece un intermediario.
La solidaridad del militar con la Argentina continúa: esta semana se conoció el desembolso de u$s 80 millones que hizo el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social de Venezuela a favor de la empresa SanCor. Ya había girado u$s 15 millones. El total del préstamo, entonces, es de u$s 135 millones a pagar contra el envío de leche en polvo entera. Todo parece correcto, pero siempre hay que ver los precios, el de la tonelada de leche, por ejemplo.
«La valuación se hará a precio de mercado con los descuentos que las partes realicen conforme a prácticas comerciales», dice la nota enviada por la empresa argentina el 22 de febrero a la Comisión Nacional de Valores. Difícil es encontrar «precio de mercado» para el producto y, eventualmente, la Secretaría de Agricultura de EE.UU. informa sobre valores tentativos en forma quincenal. Sucede que la leche en polvo no cotiza en Bolsas. Es la primera rendija de estas «relaciones lácteas» entre la Argentina y Venezuela abierta a diversas especulaciones. Los mencionados descuentos entre partes son una segunda observación.
Sin solución
Ni siquiera la penosa situación de SanCor está solucionada. Es que no se ha cerrado la negociación con los bancos acreedores, la Corporación Financiera Internacional ( brazo del Banco Mundial), Rabobank, Citibank, HSBC, y el Nación, Credicoop, Supervielle y el Santa Fe. Pero Hugo Chávez, precavido al máximo, ya se aseguró que los u$s 135 millones de su préstamo tengan como garantía de pago la propia Argentina a través del Banco Nación. Riesgo cero para el venezolano. SanCor puede pasar cualquier situación, hasta quebrar, que igualmente recupera Chávez el dinero otorgado.
Lo más curioso de toda la operación, sin embargo, es que SanCor se compromete a venderle 248.000 toneladas de leche en polvo en momentos en que más escasea el producto en la Argentina. Tanto que hasta un supermercado puso carteles en góndolas en la semana racionando la cantidad de leche que cada consumidor puede comprar: sólo 12 litros per cápita. Los precios en mayo ya subieron 20% para mayoristas y 10% a minoristas, mientras el blanco producto escasea.
Perspectiva
De esta manera, al seguir en caída la producción local de leche, el país puede terminar importándola de países vecinos antes de fin de año. Es lo que sucedió con la carne, el gasoil, la electricidad y, en general, con todo aquello a lo que se impidió exportar al tiempo que se fijara un precio máximo en el mercado local.
Como nadie tiene incentivos para producir leche y, por ende, los precios suben tarde o temprano. Si a ello se suman las inundaciones en Santa Fe y los cortes de luz que afectan a empresas, se completa el cuadro de razones para que haya sequía láctea. La que no afecta, obvio, a Chávez.
Felisa Miceli dijo hace una semana que «mejor es perderse la fiesta financiera y no la fiesta productiva». No la invitaron a ninguna de las dos en realidad. El precio de la leche en polvo estaba en 800 dólares la tonelada en la época de Fernando de la Rúa y hoy el valor es cinco veces superior. País al revés: ahora, a pesar de esa espectacular alza en los valores, se produce menos.
Hugo Chávez igualmente sigue al margen de todas estas vicisitudes domésticas. Con la operación financiera de San-Cor quedó posicionado como un salvador de empresas en dificultades. En rigor, ha hecho otro gran negocio rentable para su gobierno. Al revés de lo que acontece en este lado del mostrador.
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