Argentina firmó el acuerdo para regularizar la deuda con el Club de París, pendiente desde el default de 2001 pero con una historia de más de 30 años. El acuerdo reafirma el proceso de desendeudamiento más importante desde la vuelta de la democracia.
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El monto a pagar asciende a los 9.700 millones de dólares, acordado en un plazo de cinco años, extensible a siete; con una tasa de interés del 3% al 3,8%, según cuál sea el plazo. En la página Web del Club de Paris podemos encontrar las cláusulas estándares de tratamiento para la renegociación de deudas. Según éstas, el caso argentino debería ser tratado con los "Términos clásicos", que incluyen la exigencia de que el país deudor adopte un programa diseñado por el Fondo Monetario Internacional. Pero el Gobierno Nacional no cedió ante este pedido, resguardando así la soberanía en lo que respecta a la posibilidad de ejecutar autónomamente políticas públicas.
El acuerdo incluye un esquema de pagos mínimos anuales y adicionales por año, en función de la Inversión Extranjera Directa que reciba el país. Ello permite asegurar un mutuo beneficio, ya que la inversión proveerá divisas para cumplir con los pagos futuros.
Pero este no es el único beneficio en lo que respecta a inversiones. Cuando una empresa privada vende a crédito sus exportaciones a un país, contratan Seguro de crédito a la exportación a agencias nacionales de crédito, quienes las representan en caso negociación necesaria. A partir de este acuerdo, las empresas nacionales o con residencia en el país encontraran mayores facilidades ante estas agencias a la hora de adquirir financiamiento para inversiones, como por ejemplo la compra de bienes de capital. En el mundo hay grandes deseos de invertir en la Argentina, prueba de ello es la velocidad con la que Repsol ubico los títulos públicos adquiridos en compensación de la expropiación del 51% de YPF. Según Daniel Poneman, subsecretario de Energía de los Estados Unidos de reciente visita al país, las reservas de combustibles no convencionales como las de Vaca Muerta alcanzarían a abastecer el consumo argentino por unos 400 años. He aquí uno de los fuertes atractivos nacionales.
Esto implica, además, una clara señal para la Corte Suprema de Estados Unidos. Argentina tiene la intención de pagar, pero dentro de determinados parámetros, que son los que aceptó el 93% de los acreedores que ingresaron en los canjes de deuda anteriores. La decisión determinante reside una vez más en la política: la Corte norteamericana debe elegir entre ese aspecto discursivo, desde el cual Estados Unidos fomenta el intercambio fluido entre los mercados mundiales, o favorecer a un pequeño grupo de inversores de riesgo y diferenciarse de lo acordado por sus principales socios comerciales.
Para analizar la deuda no basta medir la nominalidad de la misma, sino que debe hacerse en términos de capacidad de pago. Antes de los últimos acuerdos, la Deuda Pública Total (incluyendo a los holdouts) rondaba el 34%, un ratio muy por debajo del promedio mundial, así como del histórico argentino. Pero más importante es detallar a quién se debe y en qué moneda. La deuda pública denominada en moneda doméstica, es decir en pesos, siempre puede ser saldada a través del Banco Central, quien posee el monopolio de la impresión de billetes. Es así que la Deuda Pública Neta ha ganado participación en pesos y perdido en moneda extranjera, aumentando la solvencia de la misma.
Con el acuerdo se abren posibilidades de acción para el Gobierno Nacional, que puede conseguir mayor financiamiento a tasas accesibles, equilibrando la balanza de pagos en el corto plazo, y dando así más fortaleza a la hora de administrar las pujas cambiarias. Pero el determinante de la cuestión, es el uso que se le de a este crédito: no es lo mismo sacar un préstamo para pagar el alquiler o ir al casino (gastos corrientes o valorización financiera), que usarlo para la compra de una casa o de un negocio (sustituir gastos o generar ingresos). El financiamiento y la inversión proveniente del exterior puede ser una herramienta para sustituir importaciones, equilibrando balanzas comerciales sectoriales, fomentando exportaciones, generando empleo y crecimiento.
La crisis subprime convulsionó la macroeconómica mundial, la baja de las tasas de interés, la caída del comercio mundial y la suba del precio de las materias primas ha llevado a la región a reprimarizar sus economías. La única excepción ha sido la Argentina, que también ha sido el país que más se desendeudó en la última década. La próxima recuperación de las economías desarrolladas ha de plantear cambios en los mercados mundiales, es por eso importante que el país cuente con capacidad de administrar sus recursos, ante un mundo lleno de desafíos.
Iván Weigandi Economista integrante del Grupo de Estudio de Economía Nacional y Popular (GEENaP)
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