Para muchos éste es el feriado más importante en el calendario norteamericano. Es que se trata de uno de los pocos que pueden extenderse hasta cuatro jornadas, ya que el mercado financiero apenas si opera hoy con una media rueda. Tradicionalmente este día suele ser positivo, y marca el inicio de un período que se extiende de aquí hasta la Navidad, en el que las acciones emprenden un camino alcista. No hay muchas explicaciones, fuera del espíritu navideño, a diferencia del «efecto enero» que se suele achacar a razones de ajuste impositivo. Los dos últimos datos de la confianza de los consumidores muestran a los norteamericanos más fortalecidos en cuanto a su visión sobre el futuro, que lo que sugieren los fríos datos de la economía que sigue sin repuntar. Es aparente también, la intención de las empresas de incrementar sus gastos publicitarios durante esta temporada, ya sea por simple conveniencia o como demostración patriótica. Si a esto podemos agregar la noticia del fin de la guerra en Afganistán y de las amenazas terroristas, podría ser que ésta fuera una de las mejores Navidades en muchos años, independientemente de lo que vaya a suceder más adelante con la macroeconomía. La suba del mercado a valores por encima de los del 11 de setiembre parecen estar apuntando a esto o a que la economía ya tocó fondo y comenzará a recuperarse de manera evidente a partir del primer trimestre del año pasado. El problema es que los mercados suelen equivocarse algo que quedó demostrado a principios de este año cuando muchos analistas terminaron haciendo proyecciones ganadoras para el Dow y el NASDAQ, algo que está lejos de verse.
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