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Es preciso seguir implementando políticas que fomenten el crecimiento de la economía. Sólo a través de este camino se podrá seguir creando trabajo, mejorando sus condiciones y redistribuyendo de manera más equitativa.
Debido a la elevada primarización de la economía, el crecimiento es muy dependiente de los precios internacionales de las materias primas agrícolas y de la evolución climática. Una característica que ha afectado a todas las economías de Latinoamérica, incluso la más industrializada, la República Federativa de Brasil. Revertir esta situación no es fácil, involucra procesos de largo plazo, pero que deben planificarse ya. La idea está lanzada; en varios discursos la presidenta Cristina Fernández se ha referido a la importancia de generar mayor valor agregado a partir de los productos agrícolas, promoviendo procesos de industrialización para exportar las materias primas con mayor nivel de procesamiento, fomentar la sustitución de importaciones e impulsar la industria del conocimiento y la innovación. El impacto de estas políticas fue claramente expresado en el reciente discurso de la presidenta: "necesitamos una fuerte reindustrialización para mejorar el poder adquisitivo y el funcionamiento de la economía". Hay que ir poniendo estas ideas en acción.
La reforma de la Carta Orgánica del Banco Central otorga una gran cantidad de herramientas para avanzar hacia el crecimiento y la transformación productiva, se espera que la reforma del mercado de capitales también abone ese camino, pero queda aún un tema principal que es la necesidad de una profunda reforma impositiva. Ésta tendría dos objetivos concomitantes, por un lado, fomentar la producción con una menor carga de los impuestos sobre los bienes y servicios, en especial el IVA, y mejorar la distribución del ingreso haciendo recaer el mayor peso de la recaudación en las ganancias en cabeza de las personas, mejorando la base imponible de este impuesto, actualizando las escalas e incluso superando la tasa máxima del 35% para las mayores fortunas. La renta financiera debe ser gravada, excluyendo a los pequeños ahorristas, y centrarse especialmente en las ganancias de capital.
El hecho de gravar los dividendos en cabeza de las personas tiende a evitar que el impuesto a las ganancias termine siendo trasladado a los precios. Este cambio en ganancias se vincula con el segundo objetivo de la reforma impositiva, que es incidir en los precios, gravando con una muy elevada tasa las ganancias excepcionales, de forma tal de desactivar el mecanismo de incremento de rentabilidad vía aumento de precios. Este cambio debe acompañarse con un estricto seguimiento de los costos de las grandes empresas, para ir incidiendo en los márgenes que se obtienen en las distintas cadenas de los productos, trabajando sobre la idea de una "rentabilidad razonable" para que el valor agregado generado por una actividad se distribuya proporcionalmente entre los distintos actores, los trabajadores, los productores y los comercializadores, beneficiando además a los consumidores.
En resumen, la principal problemática de la Argentina hoy se basa en concientizar a la sociedad, a través de las acciones de gobierno, y de la acción política e intelectual, de que la profundización del modelo es el único camino que garantiza una economía que brinde beneficios a todos los habitantes y reparta el ingreso en forma más igualitaria.
En esa tarea, es menester recordar el perjuicio sobre la economía y la sociedad que generaron las políticas de liberalización, desregulación, privatización y endeudamiento externo, que hoy son moneda común entre aquellos economistas y políticos de la oposición que ofrecen soluciones mágicas a los diversos problemas, pero que en su seno esconden el más profundo recetario neoliberal.



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