ver más

Ya superaste el límite de notas leídas.

Registrate gratis para seguir leyendo

26 de mayo 2003 - 00:00

La verdadera reforma

ver más

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Simplificación. Cuando decimos simplificación, acotamos que bien cabe agregar el prefijo ultra. No debería ser así si no fuera por la cantidad de veces que se confunde simplificación con dar una pizca de ordenamiento al régimen de un impuesto aislado, persistiendo no obstante confuso, siempre susceptible de una mar de diversas interpretaciones.

Simplificar no es hacer algo simplón, tosco o tonto. Simplificar es hacer sencillas las cosas para que todos los contribuyentes puedan entenderlas. Lo que sí es tonto es pretender recaudar cuando la complejidad aborta toda posibilidad de cumplir en forma completa, demostrable e indubitable las obligaciones fiscales; cuando ésta oscurece el sistema, superpone tributos, crea entelequias, discrimina entre ellas y hace añicos los derechos individuales.



Simplificar es proveer un sistema de ley tributaria, decreto reglamentario y resoluciones administrativas conciso, sin incoherencias y que no dé lugar a interpretaciones diferentes y contradictorias. El sistema debe ser tan escueto y consistente como para que su lectura arroje una única interpretación posible de los hechos imponibles, de su cálculo, de la forma de liquidación y pago del tributo.Y, por supuesto, impedir la doble imposición.

Simplificar tiene también un costado temporal o dinámico. La permanente modificación y emisión de nuevas disposiciones es un sablazo a la simplicidad y a la seguridad jurídica. Sólo un sistema compacto y estable permite hacer planes y proyectar en el tiempo. Y esto atrae inversiones.

Universalización. Esto es darles alcance universal a los tributos. Aquí también habíamos propuesto el prefijo ultra. Porque sistemáticamente vemos modificaciones o propuestas tendientes a «generalizar» algún impuesto, «salvo tales o cuales actividades». Actividades ésas que para el Estado parecerían contribuir al desarrollo, al bienestar del género humano o a la democracia más que otras aparentemente menos dignas, como carpintero, pianista o profesor universitario... Impuestos que «gravan a todos por igual», salvo a los exentos, o eximidos, o acomodados o evasores.

Universalizar es hacer que tributen -la misma tasa- todos aquellos hechos unívocamente interpretables como imponibles. Si el hecho existió, hay que tributar. Así de sencillo. Aunque el sujeto sea astronauta.

Al universalizar, se eliminan resquicios para evadir. Nos evitamos discutir si las actividades de fulano están exentas, y en qué grado, por su condición de ser peluquero de astronautas (nuevamente la doble interpretación). O que haya más astronautas que vuelos espaciales.





Últimas noticias

Dejá tu comentario

Te puede interesar

Otras noticias