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Esta inquietud filantrópica de Nobleza ahora se explica en otra razón: varias marcas sin promoción (caso «CJ» o «Melbourne») le han arrebatado a las dos multinacionales una porción del mercado, algunos sostienen que l3%, con el simple argumento de vender cigarrillos más baratos. La compañía inglesa explica que antes «no vendíamos más caro por falta de competencia, sino porque ahora proponemos un producto con costos más ajustados, en el paquete y el filtro». No parece una explicación demasiado sostenible.
En el gobierno, mientras, al margen de que esta iniciativa bombardea la prohibición diseñada por el ministro Ginés González García, sobre todo en los sectores más populares, lo que más preocupa es que no caiga la recaudación por la venta de cigarrillos. El convenio impositivo vence en marzo y, seguramente, tanto Nobleza como Phillip Morris para entonces exigirán que otras empresas del sector (hasta ahora casi desconocidas) también oblen esos tributos específicos. No sólo van por los precios, sino también por la competencia de los más pequeños.
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