Lavagna viajó a Pekín con un discurso anti-Fondo
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Roberto Lavagna ayer, antes de partir a China para la cumbre del G-20. Está formada por los países más desarrollados, y la Argentina accedió a ella, por su performance en los '90, que paradójicamente critica el ministro.
El funcionario, fiel a su estilo, recordó que el año pasado la Argentina no estuvo presente en la reunión que se realizó en Berlín «porque se detectó un intento de intromisión en el tema de la deuda. Pero este año no hay motivos para volver a estar ausentes y entonces es muy importante ocupar una silla que otros 200 países quieren ocupar», dijo, exagerando, dado que hay poco más de 180 países integrantes del FMI por ejemplo.
La Argentina hará especial hincapié en la necesidad de mayor apertura comercial en el sector agrícola y de que las instituciones multilaterales de crédito sean más flexibles con las políticas económicas de los países en desarrollo.
• En cuanto al precio del petróleo, la Argentina considera que se mantendrá en niveles altos, por lo cual planteará la necesidad de trabajar en el desarrollo de energías alternativas (como biocombustibles y energía eólica) y en planes de uso eficiente de los recursos para evitar el desperdicio.
• Serán apoyadas las reformas en las instituciones de Bretton Woods, pero no sólo en cuanto a la redistribución de cuotas. Se plantearán mecanismos para evitar excesos de lobbies y de aproximaciones de tipo ideológico, y se pedirá a los países mayor transparencia en su relación con las instituciones. «Los organismos multilaterales trabajaron bajo un consenso que no funcionó. Queremos la relativización de los consensos», dijo Lavagna.
• Las propuestas de lotería mundial y de impuestos a los pasajes de avión «son sólo medidas accesorias a lo central que es la liberación del comercio en favor del mundo en desarrollo». La intención argentina es que se trabaje sobre ese eje, pero se insistirá en otros temas, como el perdón de deuda de algunos de los países más pobres con un mecanismo «no de sustitución sino de adicionar nuevos recursos».
• En los países de desarrollo intermedio, como la Argentina, una parte de la población tiene pautas y comportamientos similares a los de las economías desarrolladas y otros a las subdesarrolladas. La política económica debe tener en cuenta esta realidad dual; por eso «el gobierno argentino si debe decidir entre reducir el impuesto al cheque, que en el mundo se ve como distorsivo, o bajar a cero el Impuesto a las Ganancias de las pymes, elegirá por la segunda opción».




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