Lavagna y los notables coincidieron en la necesidad de frenar los amparos
El gobierno habría llegado a un acuerdo con la Corte Suprema para obtener un fallo que le permita frenar el «goteo» del «corralito» eliminando los amparos presentados por ahorristas. Esa decisión de la Corte estaría lista para mediados de agosto y puede tener dos versiones. Se avanzaría con la iniciativa de poder suspender los trámites de amparos en los juzgados de primera instancia, algo que no pudo lograr totalmente la «ley antigoteo». Pero la opción de máxima que maneja el gobierno es conseguir directamente un fallo que declare la constitucionalidad de las normas que rigen el «corralito». Al mismo tiempo, ayer trascendió que el plan oficial del Banco Central contempla otras posibilidades, como lograr que la Corte convalide que los amparos sean pagados con bonos y no en efectivo. Fue una sugerencia de las entidades financieras ante la imposibilidad de seguir atendiendo los reclamos judiciales en el corto plazo. Todas las variantes fueron el tema central de discusión en las rondas de diálogo con John Thornton, delegado del FMI, y la comisión de notables que llegó a Buenos Aires. Mientras tanto, los peronistas de la Cámara de Diputados le pedirán a Eduardo Duhalde una definición concreta sobre el futuro del juicio político a la Corte. El problema no es sólo el radicalismo, que se niega a colaborar con el archivo de ese expediente, sino las diferencias de criterio dentro del propio PJ.
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Ayer Duhalde, acompañado por Lavagna, recibió a la comisión de notables. Ayer deslizaron la recomendación de una banca offshore como primer paso. Hoy visitarán el Congreso Nacional y hablarán con empresarios, banqueros y los principales economistas del país.
Fuera del problema de los amparos, los cuatro visitantes recibieron las propuestas de Economía y del Banco Central, por separado, para salir del «corralito». Insistieron además, siempre diplomáticamente, en la necesidad de garantizar en el futuro la independencia del BCRA. Quedó flotando además un cuarto tema.
Terminado el encuentro en la Casa de Gobierno, Tietmeyer, Crow, Crockett y Rojo cruzaron Hipólito Yrigoyen y se instalaron en el quinto piso del Ministerio de Economía, previo desalojo por parte del personal de seguridad de toda persona ajena a estas discusiones internacionales. Se sumaron los secretarios de Hacienda, Jorge Sarghini, y de Finanzas, Guillermo Nielsen; luego llegó Pignanelli, quien se integró al grupo a la hora del almuerzo. Allí comenzaron los intercambios técnicos de información.
Antes de abandonar el Palacio de Hacienda, Lavagna y Nielsen explicaron a los cuatro economistas el porqué de la imposibilidad de abrir el «corralito» financiero con un cronograma como el que propone Pignanelli.
• Explicaciones
Con gestos de comprensión, Tietmeyer, Crow, Rojo y Crockett escucharon las explicaciones del ministro sobre cómo ese dinero que saldría de las cuentas corrientes y las cajas de ahorro podría irse directamente al dólar, generando más inestabilidad y la seria posibilidad de provocar un proceso hiperinflacionario. Fue el secretario de Finanzas quien, en un tercer encuentro dentro de Hacienda, terminó de explicar técnicamente la necesidad de contener la emisión y rechazar la idea del Central.
A media tarde, los cuatro visitantes fueron en busca de las explicaciones de Aldo Pignanelli en la propia sede del BCRA en la calle Reconquista. El titular de la entidad financiera y el resto del directorio tuvieron la oportunidad de desgranar su propuesta de adelantamiento de la salida parcial del «corralito» para los depositantes de menos de 10.000 pesos, y de la supuesta imposibilidad de que este dinero termine definitivamente resguardándose en el dólar. Aparentemente, hubo menor grado de aceptación para la idea del Central en comparación con los gestos que recibió Lavagna.
• Polémica
La independencia del Banco Central sobre el poder político volvió también ayer a ser tema de los visitantes. Tietmeyer y Rojo, en un momento del día, recordaron una polémica que el alemán provocó en 1998 en Madrid, cuando criticó la falta de voluntad del gobierno de José María Aznar de separar al Banco de España (conducido por Rojo) de la política económica. Tietmeyer, que en esos días peleaba por incluir cláusulas concretas de independencia de las entidades financieras centrales de los gobiernos europeos, como condición para que éstas puedan ingresar el Banco Central Europeo y así cumplir con las metas de Maastricht, contestó durante un seminario a una pregunta del público: «¿Un banco central debe ser independiente al punto de que llegue a ignorar la política del gobierno elegido por las urnas si ésta se sale de la ortodoxia?»: «Sí, hasta ese punto». Tietmeyer y Rojo recordaron esta anécdota, pero sin relacionar en ningún momento la situación española de 1998 con la Argentina de 2002; aunque a los interlocutores les quedó claro a qué se referían y qué reclamaban los dos analistas con su comentario. Es una realidad que los cuatro visitantes son muy críticos de la forma en que se vulneró la independencia del Central desde el año pasado, tendencia que tiene en estos días un nuevo capítulo con la pelea Lavagna-Pignanelli.
En determinado momento de las conversaciones algunos de los funcionarios que hablaron con los cuatro expertos pudieron percibir cierta voluntad, fundamentalmente por parte de Tietmeyer y Crow, de analizar seriamente la posibilidad de autorizar legalmente la creación de una banca offshore como única solución para que haya confianza de los ahorristas argentinos. Esta banca offshore estaría, además, separada de la «banca transaccional» y de la «banca de inversión».
De todas maneras, quedó claro ayer para todos los participantes de las reuniones, locales y visitantes, que antes de pensar en este nuevo sistema financiero, lo fundamental es solucionar primero el problema de los amparos y luego comenzar a avanzar en la salida del «corralito».
Luego de ciertos problemas para ingresar al Sheraton, gracias a los piquetes de la izquierda, los cuatro notables pidieron que no se los moleste y destinaron el resto de la jornada, incluida gran parte de la noche, a analizar y evaluar los datos obtenidos.




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