23 de noviembre 2001 - 00:00

Liberman exportará aceite y vino tinto desde La Rioja

El grupo SLI (de Samuel Liberman, el ex propietario de VCC) está invirtiendo casi u$s 40 millones en un proyecto tan lejos como es posible de la televisión por cable tanto geográfica como tecnológicamente: «hacer» aceitunas, fruta y vino en La Rioja. La inversión fue financiada en parte con el mecanismo conocido como «diferimiento impositivo» (u$s 28 millones), que se otorgó a industrias y explotaciones en provincias calificadas como «zona desfavorable», y que lleva entregados cerca de u$s 500 millones -no siempre utilizados en forma correcta-.

No parece ser el caso del emprendimiento agroindustrial Sierras de Mazán, que fue diseñado por el experto israelí Shimon Zakai. Desde ya, su participación tiene relación directa con la similitud del clima y la topografía del estado judío con los de la provincia natal del ex presidente Carlos Menem.

«La Rioja podría ser el peor lugar del mundo para la agricultura (está a 1.200 km del puerto, no tiene infraestructura, el clima es feroz, etc.) pero tiene una gran ventaja: las estaciones están al revés que en el hemisferio norte, donde se planta y se consume 90% de las aceitunas del mundo, y donde pueden pagar fruta contraestación»,
dice Zakai.

En lo que hace a vino, el proyecto prevé llegar a un millón de botellas de tinto en un futuro no demasiado lejano; «por ahora estamos en la etapa de plantación y desarrollo; la bodega estará lista para 2003», dice Guillermo Liberman, a cargo del emprendimiento. Las variedades que están plantando son también inusuales para una zona tradicional de torrontés: syrah, tempranillo y cabernet sauvignon. De todos modos, no esperarían hasta construir la bodega para embotellar y lanzarse con una marca propia.

«Pero tanto el negocio del vino como el de las aceitunas/ aceite de oliva y la fruta de carozo apuntan casi totalmente a la exportación, sobre todo a Estados Unidos»
, dice el empresario. En el grupo saben que no será sencillo convencer a los consumidores de Nueva York o Duluth (Minnessota) que dejen de consumir aceite italiano para volcarse al argentino. «Haremos el esfuerzo, pero para llegar allá tendremos que poder vender a u$s 1.500 la tonelada; hoy estamos un poco lejos de esa meta», admiten. Pero apuestan a la módica fama que tiene el país de ser uno de «agricultura limpia», y ya planean conseguir el sello de aprobación de organizaciones estadounidenses especializadas en ese rubro (Angel Azul, Cisne Blanco, etc.).

Planificación

Zakai explica que el hecho de que la Argentina esté «contraestación» con Europa permite planificar la producción de olivos de antemano: «Nuestras aceitunas pueden destinarse a consumo o a aceite, dependiendo de cómo les vaya a ellos la campaña anterior», dice el experto. «Por eso estamos plantando aceitunas de 'doble propósito'». Con el asesoramiento de Zakai instalaron una planta de frío (diseñada en Israel y fabricada en EE.UU.) que «es una de las cuatro más modernas del mundo», se entusiasman a coro Zakai y Liberman. Se trata de un túnel que va enfriando la fruta un grado por metro recorrido, método que permitiría la llegada a Buenos Aires de una de las frutas más «difíciles» de conservar: los higos frescos -que también se producen en sus fincas riojanas-.

En la Argentina el consumo de aceite de oliva representa apenas una fracción (160 cm3) del total (14 litros anuales: 11,5 es de girasol). En España, por caso, se consumen 20 litros de aceite de oliva anuales por habitante. En la Argentina «el crecimiento del consumo de aceite de oliva dependerá de que se imponga la cocina mediterránea, las ensaladas frescas, etc., porque aquí no se lo usa casi para cocinar», dice Zakai. Hoy en la Argentina se producen 10.000 toneladas anuales de ese aceite, de las cuales se consumen 4.000 ton. y se exporta el resto (la mayor parte a Brasil). «En cinco años esa producción va a multiplicarse por seis o siete, muchísimo más que el consumo interno.

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