16 de abril 2001 - 00:00

Lo intrascendente de Cavallo: le anuncio a la exitosa convertibilidad actual teórica paridad futura, mezcla de dólar con el euro

Por la convertibilidad y el 1 a 1 peso-dólar nuestra moneda está sobrevaluada 20% mínimo. La sobrevaluación afecta nuestras exportaciones porque las encarece; favorece nuestras importaciones y nos resta divisas; nos disminuye el turismo porque somos país atractivo, pero caro y perdemos más divisas. También las perdemos porque los argentinos viajan más al exterior con el beneficio de ese 20% de sobrevaluación de nuestro peso por la paridad con el dólar. Son costos altos, sin duda, pero justificables frente a un mal peor: la inflación que, gracias a la convertibilidad, erradicamos desde hace 10 años.

Además un mal, la sobrevaluación innegable del peso, debe cotejarse siempre contra otros males que su curación implicaría. Por caso causaría estragos -en todos los sectores sociales-abandonar una convertibilidad cuando 80% de los argentinos, sus empresas y, fundamentalmente, el Estado están, como dijo Roberto Alemann, endeudados en dólares.

Frente a este dilema serio e insoluble hoy de la Argentina el anuncio de Domingo Cavallo el sábado de propiciar una ley para que en el futuro cuando un dólar valga un euro -o sea sin devaluación aparente-las dos monedas por mitad pasen a ser el respaldo de la convertibilidad, directamente hoy es una tontería inoportuna que hace flaco favor a la inteligencia que se le reconoce al actual ministro de Economía y deja mal parados a sus asesores. Para peor, el artículo dos del proyecto que enviará al Congreso deroga la prohibición de indexar los contratos. La intención del ministro es que la gente vuelva a hacer convenios de largo plazo en pesos (hoy, los alquileres o los créditos entre privados son mayoritariamente en dólares), pero lo que seguramente conseguirá es sumar más confusión entre el público.

En la realidad el mejoramiento para nuestros exportadores vendría de un hecho muy especial: el euro en su revalorización tendría que TOCAR al dólar 1 a 1 (el jueves aumentó 0,55% y cerró a 0,8923) y de inmediato retroceder a 0,99 o 0,94 o el actual 0,8923. En este caso automáticamente -si el Congreso aprobara una ley-terminaría la paridad de la convertibilidad uno a uno y de ahí en más el respaldo sería por mitades euro y dólar. Porque si el euro toca al dólar uno a uno y sigue subiendo -o sea que un euro pasara a costar 1,05 o 1,10 o 1,15 dólarnuestro peso no se habría quitado su sobrevaluación actual sino que, por el contrario, sería peor por estar atado parcialmente a la suba del euro y agravaría los males señalados, comenzando por los de nuestros exportadores. ¿Dónde está el beneficio porque cabe suponer que si el euro iguala al dólar es porque cayó Estados Unidos en recesión y si lo igualó también podría sobrepasarlo perjudicando más nuestras ventas al exterior, encareciéndonos para el turismo, etcétera?

Cabe adjudicarle una sutileza al equipo económico: que supongan que temporariamente Estados Unidos va a caer en recesión con George Bush. Esto podría recuperar al euro hasta emparejarse con el dólar. Sabe Cavallo que las recesiones de Estados Unidos no son largas según sus ciclos históricos (el promedio de los retraimientos de EE.UU. no da un año) entonces luego se recupera, vuelve a caer la paridad por fortalecimiento del dólar y cuando el euro vuelva a costar 0,8923 -o menos-se habrán producido recién dos efectos para la Argentina: terminó el uno a uno con el dólar y al volver a retrasarse el euro se produjo una devaluación más tranquila del peso. Claro, para recuperar 20% actual de sobrevaluación del peso el euro tendría que caer, tras tocar uno a uno, por lo menos a 0,80. Es casi jugar a la lotería y por algo dijo Cavallo que si el Congreso no le sanciona la ley para pasar a otra paridad no pasa absolutamente nada.

Que el euro alcance al dólar y lo sobrepase -estaríamos peor que ahora aunque se beneficien los endeudados en dólares-no es fácil de imaginar en un futuro, cercano al menos, dado que la economía norteamericana y su moneda tendría que caer frente al euro y a una Europa que vive carcomida por sus demagogias en legislación laboral (como la Argentina) frente a flexibles regímenes norteamericanos que le dan una ventaja productiva grande.

Pero que el euro se vaya a poner uno a uno con el dólar es muy difícil y que luego caiga 20% -el único esquema ideal que se imagina para la Argentina con este anuncio-es también difícil de imaginar hoy al menos en esas proporciones. No habría riesgo, a su vez, de que se revalorice tanto el euro frente al dólar, salvo que la famosa grieta del oeste de Estados Unidos destruya California que si fuera un país independiente sería la quinta economía del mundo.

¿Por qué anunció esta teoría Cavallo, en base a tantos supuestos, que no lo ayuda en lo inmediato (tal vez sí, en lo mediato) y puede convulsionarle el mercado cambiario y a la gente en momentos en que tiene que concentrar esfuerzos en ganar confianza para que haya más consumo y surja la tan ansiada -y sí un tema serio-reactivación tras 34 meses? Habría un motivo político: si alguna vez se tocan los términos de la paridad, el ministro de Economía quiere figurar entre los que lo propició sin caer en una devaluación brusca y sorpresiva que le afectaría su futuro político y sin pasar a ser el asesino frío de la convertibilidad. Ni el actual equipo económico ni Cavallo tuvieron la genial idea de la convertibilidad hace más de 10 años (surgió por primera vez enunciada por el economista Walter Graziano; la profundizó en análisis Ricardo Arriazu). Pero sí tuvo Cavallo la visión de tomarla al vuelo y ponerla en práctica en forma realmente muy efectiva.

El otro motivo que puede adjudicársele a Cavallo es que no quiere más que los banqueros y empresarios, aquí y en el exterior, le hablen de la posibilidad de una devaluación y negarla terminantemente iba contra su mentalidad y línea económica de no ratificar, por simple conveniencia del momento de emergencia, una paridad fija que implica sobrevaluación del peso como si un economista tan hábil como él no fuera capaz de darse cuenta o tan obcecado como para negarlo.

La única solución real a la sobrevaluación del peso es sólo una devaluación clásica y tradicional porque, eso sí, traería beneficio instantáneo a los exportadores, haría a nuestros productos más competitivos frente a los brasileños y los demás (vendría más turismo y gastarían menos afuera los argentinos). Pero es impensable hoy devaluar en frío en un país que dolarizó su economía en la casi totalidad del espectro social. Estigmatizaría al ministro que lo hiciera y Cavallo lo sabe. Más porque tiene ambiciones políticas. Pero tiene un amor propio de economista y eso lo llevó a proponer esta «devaluación indirecta algún día» y confiando en que el euro toque al dólar y luego se caiga para ser útil a la Argentina porque si se mantienen fijos dólar, euro y peso uno a uno no habría pasado nada.

Lo más importante es que si Cavallo lograra hacer lo primero que anunció el sábado, la reducción del gasto público, no necesitaría ni ocuparse de su segundo complicado anuncio de otra paridad para la convertibilidad. Lógico: el peso está sobrevaluado por el exceso de gasto público y consiguiente déficit. Si este fuera reducido o desapareciera -como en los países europeos o en Chile, por caso- la paridad uno a uno al dólar sería adecuada y nuestros exportadores venderían más barato al exterior si se ahorran impuestos que hoy son excesivos precisamente para pagarle los gastos desmedidos al Estado.

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