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2 de diciembre 2003 - 00:00

Lo positivo sería que Lavagna compre dólares con recaudación

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Lo primero que hay que aclarar es que, si hay debate, en realidad, lo que importa es el tipo real de cambio. Si controlar el tipo de cambio real es efectivamente un objetivo de política económica, habría que ser más preciso en cuanto a la definición. En el numerador: ¿qué es lo que importa, el dólar, el euro, una canasta de monedas o directamente el real brasileño? Del lado del denominador, tenemos los precios, pero ¿cuáles?: minoristas o mayoristas, bienes o servicios, salarios o tarifas. En el trazo grueso pareciera que cualquier cosa da lo mismo, pero en el margen las diferencias son relevantes. Hay por lo menos diez definiciones diferentes hoy de tipo de cambio real micro en la Argentina. Por otro lado, y
Pero Chile lo hizo con una economía que funcionaba con indexación a 20% anual y estable, cosa que sería imposible. O sea, justamente el límite a cualquier intento de controlar el tipo de cambio real está en la propia tasa de inflación: superado un cierto umbral, aparecen dinámicas inestables. Cuál es ese umbral nadie lo sabe, pero más vale que el BCRA y el gobierno en su conjunto sean muy contundentes en convencer a la población de que no tolerarán la vuelta a dos dígitos de inflación anual.

La segunda curiosidad, luego de definir de qué tipo de cambio real estamos hablando, es repasar en este país volátil y pendular los instrumentos. En este sentido, todas las miradas apuntan al BCRA, porque, al poder emitir sin inflación, parecería que tuviera recursos ilimitados para realizar la tarea. No va a ser cosa que, embriagados porque la superortodoxia y el FMI, se «equivocaron» en sus pronósticos y se pasen ahora al otro lado de darle a la maquinita todo lo que haga falta, total no pasa nada. Nada más alejado de la realidad; el BCRA sólo dispone de los recursos prestados que vienen de la demanda de dinero, sobre todo transaccional. La demanda de pesos por parte de la población ha sido en 2003 el jugador que no se ve a los ojos del gran público (opacado por la existencia del «galáctico» precio internacional de la soja), pero que ha sido un incansable «carrilero» de ida y vuelta en el equipo. Si la demanda de pesos dejara de jugar como lo viene haciendo, el equipo quedaría totalmente descompensado.

Es válido apostar a que la demanda de dinero puede seguir rindiendo y creciendo al compás del aumento del PBI, pero jugar todas las fichas a que el coeficiente de monetización seguirá subiendo indefinidamente es muy riesgoso, sobre todo porque la historia nos dice que es traidora y no nos avisa cuándo se da vuelta. Un aporte muy sano al objetivo de no permitir alteraciones al tipo de cambio real lo debe hacer la política fiscal activa. Los números muestran que el fisco hoy, independientemente de algunas distorsiones tributarias que componen los ingresos, no es fuente de inestabilidad, dado que el superávit primario permite cubrir cómodamente la caja en pesos, sin generar presiones inflacionarias. Pero, al mismo tiempo, el monto de pesos que fueron destinados a comprar divisas para pagar los servicios de la deuda en dólares (organismos internacionales y BODEN) ha sido prácticamente nulo. Esta es la pata «ortodoxa» en serio que está faltando.

En 2003 (comparado con 2002), los ingresos del sector público aumentaron en 21 mil M de pesos, pero el gobierno no ha comprado más de 300 M de dólares en el mercado cambiario con recursos fiscales.

O sea, no sólo ha caído en el BCRA toda la responsabilidad oficial de desagotar el mercado cambiario (dado el enorme superávit comercial), sino que, además, éste se gastó en nombre del Tesoro, al menos 20% de los dólares que compró.

Brasil está destinando recursos excedentarios en reales para comprar aproximadamente un cuarto del superávit comercial. El Banco Central algo interviene, pero apenas un cuarto de lo que compra el Tesoro. Luego, el Tesoro brasileño, como tiene más déficit fiscal que la Argentina porque paga intereses por su deuda, debe endeudarse en reales y subir la deuda pública. Pero el impacto en el mercado cambiario se nota. Una muy buena señal en la Argentina 2004 sería que el Tesoro anunciara un cronograma de compra de divisas con recursos fiscales por un monto no inferior a los u$s 1.000 M al año o u$s 100 M al mes. Luego el gobierno podrá decidir si esas divisas se usan para arreglar la deuda en default, para recomprar anticipadamente deuda en dólares que está corriente o para acumular reservas. Pero el aporte para equilibrar el mercado cambiario ayudaría al BCRA a diseñar un programa monetario creíble.

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