De a poco, los toros parecen estar alejándose del mercado. De todas formas, la prudencia más elemental aconseja no volcarse todavía por el desánimo, ya que, a pesar de la caída de 1,06% que tuvo ayer el Dow cerrando en 8.824,41 puntos, o 3,16% que se desplomó el NASDAQ, con una mejora de tan sólo 3%, el S&P vuelve a entrar en lo que tradicionalmente se define como un "bull market". Esto sin embargo, no permite olvidar que las malas señales siguen creciendo y que alguien definió los últimos minutos de operaciones como "horrendos". En primer lugar, junto con el derrape, ayer tuvimos un incremento en lo negociado a 1.220 millones de papeles en el mercado tradicional y 1.500 millones en el electrónico, lo que da idea de liquidación de tenencias. Otro de los factores negativos fue el índice de confianza de los consumidores para agosto, que mostró una caída mucho más profunda que la esperada por los analistas (93,5 puntos en lugar de 97, el mínimo desde noviembre de 2001), a lo que se agregaron los comentarios negativos del CEO de Intel que afirma que el sector empresarial ha reducido sus inversiones y, por lo tanto, las ganancias del sector de computadoras, y la bajada de pulgar que les hicieran los analistas de Merrill Lynch a 16 empresas del sector minoristas. Con estos datos en mente no sorprende que fueran precisamente las empresa de semiconductores (que se desplomaron en promedio 6%) y las minoristas quienes encabezaron el pelotón de las perdedoras. Si esto no alcanzara para preocupar un poco a los inversores, los bonos del Tesoro y las tasas también tuvieron una jornada negativa, reflejando que la desconfianza fue más allá de lo puramente bursátil. Por suerte, el ataque aéreo sobre Irak no fue muy tomado en cuenta por el mercado, pero quién sabe qué puede pasar las próxima vez.
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