San Pablo (ANSA, LF, diarios locales) - Cuando las denuncias de corrupción alcanzaron al hasta entonces intocable ministro de Hacienda de Brasil, Antonio Palocci, el ala política del Partido de los Trabajadores -lo que en este caso incluye tanto a la vieja conducción, que precipitó a la agrupación al escándalo, como a la nueva, cuya misión es sanearla- vio la oportunidad de presionar por un cambio hacia una política económica más populista.
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Así, el nuevo presidente del PT, Tarso Genro -hasta hace poco ministro de Educación de Luiz Inácio Lula da Silva- acentuó sus declaraciones de los últimos contra el «exceso de austeridad» del gobierno y atacó ayer directamente la figura de Palocci. Según señaló, «no votaría» por Palocci si éste saliera indemne del escándalo y fuera el candidato presidencial del partido en los comicios de octubre próximo.
Pese a ello, también estimó que «en este momento Lula tendría reducidas chances de vencer» en esa elección, según consignó ayer el diario «Folha de Sao Paulo». «Si, eventualmente, el presidente no quisiera competir, el PT tiene cuadros nacionales como el senador Aloizio Mercadante; el intendente (de Aracaju), Marcelo Deda. Yo no tengo esa pretensión», dijo. En los últimos años, Mercadante ha sido uno de los rivales de la política económica ortodoxa de Palocci.
• Reiteración
Mientras, Lula salió en declaraciones reproducidas por «O Globo» a descartar cualquier cambio en el modelo económico, que es ampliamente respaldado por los mercados y los empresarios y que, de hecho, con sus logros impide que el gobierno esté más cerca del juicio político.
«Hay una crisis, sí. Pero vamos a sacar provecho de ella para que el país salga más fortalecido. Por primera vez existe la perspectiva de que Brasil crezca de manera sustentable y con inflación baja. No voy a desperdiciar esa oportunidad por nada del mundo», dijo Lula, quien ha resistido las presiones de parte del PT para deshacerse de Palocci tras las denuncias de que cobró sobornos cuando era alcalde de Riberao Preto.
• Advertencia
En declaraciones formuladas ayer, el mandatario fue más allá y advirtió a la oposición «que no juegue con cosas serias» como la economía. Sin embargo, sus palabras parecían también dirigidas a su frente interno.
Además rechazó la sanción que los senadores de la oposición dieron al aumento del salario mínimo -que fue descartado por diputados del oficialismo- y que hubiera tenido una fuerte repercusión en el presupuesto de 2005. «Quien aprobó eso sabía que ningún municipio o las cajas sociales podían pagar ese valor del aumento. Quien aprobó tuvo tiempo de hacerlo antes de los aumentos de salarios porque gobierna Brasil desde hace 500 años y nunca los aprobó», enfatizó el mandatario.
En medio de la crisis política iniciada en junio generada por denuncias de corrupción, el presidente Lula defendió las medidas económicas más resistidas por los sectores populares e industriales, en especial las altas tasas de interés vigentes. «Siempre me preguntan si las tasas pueden bajar a 4,5%. Y la gente piensa que al ministro Antonio Palocci no le gustaría hacer eso. La tasa no baja porque no se trata de una cuestión de tener ganas», afirmó.
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