Más que nunca se encendió la batalla Lavagna-Blejer
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También se manifestó contra la política de otorgar redescuentos a los bancos y aseguró que no se iban a conceder más como si él fuera dueño del Banco Central.
• Tuvo expresiones contra el FMI que más semejan a una voluntad por el enfrentamiento que por la negociación.
Lenguaje directo, explícito, a sabiendas de que se iba a difundir por más que el encuentro fuera reservado, que apunta a voltear en el primer caso el pedido de Blejer por la inmunidad para los funcionarios del Central (no tanto para él ya que una ley no tendría efecto retroactivo, sino para poder convocar futuros directores). El otro punto, en cambio, aunque luego Lavagna se lo negó a Blejer y ayer insistía en corregirlo frente a los banqueros, revela -para quienes así lo entienden- que si le pasara algo en el futuro, como renunciar obligadamente, esto sería obra de los bancos extranjeros y del FMI. Por otra parte, este final ya lo anticipaba en Europa apenas lo invitaron para incorporarse al gobierno de Duhalde.
• No pasaron inadvertidas para nadie las palabras de Lavagna. Menos para Blejer, quien ayer mismo se apersonó ante Duhalde para explicarle que las reuniones en los Estados Unidos fueron para lograr que viniera la misión (objetivo logrado), pero que requería molesto alguna aclaración sobre su situación personal. Finalmente, él permanecía al frente del BCRA porque el propio Duhalde se lo había pedido. Por lo tanto, si continúa en el cargo, se mantenía firme en requerir una norma a favor de la inmunidad del Banco Central. El Presidente, siempre jineteando dos caballos al mismo tiempo como si fuera un especialista, le pidió a Blejer que siguiera en funciones, que no se vaya el 25 de este mes como muchos anticipan y que insistiría en tramitar, como lo está haciendo en el Congreso, el proyecto de ley a favor de la inmunidad. Además, para evitar nuevos conflictos, se comprometió a llamarlo a Lavagna más tarde en pos de una paz. A Duhalde, es obvio, pareció enrojecerlo que su ministro descalificara por desdoroso y presuntamente sin ética la norma que él impulsa sobre inmunidad.
• Hasta aquí hechos, protagonistas y un ambiente escabroso donde se habla de recompensas, dádivas y fotografías íntimas de mal gusto para el que las observa. Lo que resta ahora es la batalla final, sea porque Lavagna quiere liquidar bancos y éstos demandan un trato igualitario a los bancos oficiales, o sea por la negociación con el FMI. En el medio de ese conflicto pesa, como siempre, el manejo del dinero y la discusión por el programa monetario (ya que lo fiscal está medianamente consensuado). Entre los que contemplan partidas de redescuentos para evitar una reducción darwiniana de los bancos debido al drenaje perpetuo del «corralito» y los que aspiran a manejar esos fondos para planes de vivienda o ventas masivas de automóviles. De lejos, uno sabe de qué lado está Duhalde; pero, desde que está en el gobierno, el Presidente empezó a entender que mucho de lo que piensa y aspira tiene limitaciones. Y que el mundo está globalizado.




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