Mayor rol en Brasil le cedió Cristina a su nuevo ministro
La promesa de Cristina de Kirchner de visitar a Lula da Silva antes de asumir sirvió para que se repitieran los anhelos mutuos de una alianza estratégica entre ambos países, un lugar común de la retórica regional que se remonta al siglo pasado. Permitió que debutase, antes de jurar, el protoministro Martín Lousteau, que protagonizó un discurso pidiendo que Brasil financie a empresas argentinas y haga algo para achicar el déficit comercial entre los dos países. Esta vez, un clásico de la política, la presidente electa y Lula no crearon una comisión, crearon cuatro, que se reunirán dos veces al año y con un cronograma de resultados. Más en las mezquindades de la hora, Lula hizo, a solas en su despacho con la primera dama, más presiones para que la Argentina autorice la compra de la petrolera Esso por la estatal Petrobras.
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Cristina
Fernández
con parte de
los integrantes
de su
futuro
gabinete,
durante la
reunión
con representantes
del
gobierno
brasileño.
Estos diálogos ocurrieron después de que Lula y la presidente electa mantuviesen una reunión a solas en el despacho del primer mandatario del cual ocultaron a las delegaciones el contenido. Se presume -por lo que contó más tarde Marco Aurelio García- que Lula planteó la demanda de Brasil de que la Argentina autorice la compra de la petrolera Esso por la estatal Petrobras, acuerdo muy avanzado pero que tiene fuertes resistencias en Buenos Aires. «Brasilia cree que esa resistencia es porque la Argentina no quiere cederle a Petrobras tamaña ampliación de su red de distribución y venta», ilustró uno de los representantes de la Argentina presentes en la reunión.
Otra de las cuestiones que se conversó -aunque no avanzó hacia ningún lado- fue la posibilidad de «desdolarizar» el comercio en la región, para que en el futuro las transacciones comerciales entre la Argentina y Brasil se realicen en pesos o reales y no en divisas norteamericanas.
Acompañaban a Lula los ministros Celso Amorim, de Relaciones Exteriores; Guido Mantega, de Hacienda; Nelson Jobim, Defensa; José Jorge, de Desarrollo e Industria; Nelson Hubner, de Minas y Energía; y Franklin Martins, de Comunicación Social. También estuvieron el asesor especial de relaciones internacionales del presidente Lula da Silva, Marco Aurelio García; el vicencanciller Samuel Pinheiro Guimaraes, y el responsable de asuntos internacionales de la estatal petrolera Petrobras, Néstor Cerveró.
La comitiva argentina estuvo integrada por los ministros Jorge Taiana, de Relaciones Exteriores; Julio De Vido, de Planificación; Martín Lousteau, futuro de Economía; Alberto Fernández, jefe de Gabinete; Nilda Garré, de Defensa; Lino Barañao, futuro de Ciencia, Tecnología e Innovación, y el embajador en Brasil, Juan Pablo Lohlé. También se sentó el vocero mudo Miguel Núñez.
Cristina de Kirchner, que se precia de ser un dechado de organización -no lo demostró en el único evento que tuvo a su cargo, que fue el tumultuoso Congreso de la Lengua en Rosario- aportó el centímetro: hay que establecer para cada una de las áreas de interés común un cronograma de resultados. Y cumplirlo. Tamaña cantidad de burócratas no podía si no asentir a la idea, que la mesa ayudó articular de esta manera:
El mecanismo fino para que tanta organización funcione prometieron revisarlo Lula y Cristina de Kirchner en Montevideo, cuando se encuentren en la próxima cumbre de presidentes del Mercosur en Montevideo a mediados de diciembre próximo, con la actual senadora ya investida en su cargo de presidente.




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