Un tema clave: la reestructuración de nuestra deuda pública.
Estamos ante una situación con sensaciones encontradas. Por un lado, lo bueno es que como mínimo durante el próximo semestre la economía argentina tendrá una evolución favorable; por otro lado, existe una considerable duda respecto al camino elegido por nuestro gobierno una vez que la actual reactivación llegue a su fin (sin inversiones «netas» y sin crédito «nuevo» se hace inevitable); con decisiones que nos lleven a un proceso de crecimiento sostenido o que nos devuelvan algo de la mala evolución económica del período 1999-2002. Quedan muchos temas importantes por resolver (reestructuración del sistema financiero, de los contratos de servicios públicos, etc.) que nos permitirán pronosticar con mayor precisión la evolución económica de la Argentina a partir del año 2005; aunque sin duda el desarrollo que tenga la negociación de la reestructuración del endeudamiento público resultará trascendental para el futuro económico argentino. Si bien el inicio de la negociación fue en extremo «duro» (ejemplo: quita de 75%, «no pago» de los intereses desde el 01/01/ 2002, financiamiento cuasi obligatorio, etc.), también fue en extremo «ambiguo» (no se sabe si la quita será sobre Valor Nominal o sobre Valor Presente, sin especificaciones en plazos y tasa de interés sobre los nuevos títulos, etc.) , y esa ambigüedad es la que posibilita una «lógica» mayor flexibilidad de parte de nuestro gobierno en la reestructuración del endeudamiento público. Flexibilidad que debiera ir acompañada de una mayor «seriedad» fiscal. Hoy el compromiso fiscal asumido por la Argentina alcanza sólo el año 2004, es lo que en la práctica vuelve «corto» el aparente Acuerdo «largo» firmado con el FMI. La Argentina debiera comprometerse fuertemente con la capacidad de repago de la deuda posreestructuración y para ello sería recomendable la definición de una regla fiscal «intertemporal» que contemple el resultado primario (su calidad y su nivel) y la evolución del total del gasto público. Respecto del desenlace de la deuda pública existen tres alternativas posibles, a saber: a) «sin reestructuración»; pasa el tiempo y no se alcanza acuerdo alguno. No sólo el crecimiento sustentable desaparece como escenario factible; peligra de modo considerable el acuerdo con el FMI y aumenta considerablemente la probabilidad de inestabilidad financiera y cambiaria con reaparición de la inflación y de la recesión económica. b) «Con reestructuración cuasi obligada»; el gobierno cede muy poco (casi nada) respecto de su propuesta inicial y los tenedores de papeles argentinos terminan aceptando. En este hipotético caso, será muy difícil el logro de crecimiento económico, lo que afectará la capacidad de repago de nuestro gobierno, aumentando entonces la posibilidad de «otra» reestructuración de la deuda pública argentina con el paso del tiempo. c) «Con reestructuración consensuada»; acá el gobierno busca el punto medio en la negociación y asume un mayor compromiso para garantizar la capacidad de repago de la nueva deuda pública reestructurada. Bajo este camino, el crecimiento económico sostenido para la Argentina será mucho más probable.
Finalmente, la situación económica de la Argentina muestra un muy buen presente, que a partir de setiembre se ha extendido temporalmente hablando. También es evidente (tanto para los analistas económicos, como para los empresarios) la incertidumbre existente respecto del futuro económico argentino. Tal vez sea preferible postergar decisiones fuertes económicas (que postergan la inversión) para así no perder el apoyo político de toda la sociedad argentina, indispensable para ir resolviendo los problemas sociales y económicos. Ahora bien más allá de este, posible trade-off entre posponer medidas «duras» en lo económico y mantener la elevada adhesión popular; el gobierno nacional no debería jamás abandonar la racionalidad económica, imprescindible para que «siempre» el presente económico argentino sea bueno.
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