Siete días atrás (cinco ruedas) el mercado tuvo un comportamiento casi similar al de ayer. Casi, porque lo que prometía ser una excelente jornada para quienes apuestan a las subas terminó esta vez siendo abortado en la última hora de operaciones de tal manera que lo que era un alza de 0,94% quedó acotada a 0,2%, al finalizar el Promedio Industrial en 10.856,86 puntos. Justificando el impulso inicial se esgrimieron la merma del precio del petróleo y la productividad industrial de la ya terminada temporada veraniega, que dio el mayor salto en dos años. Cuando llegó el momento de buscarle razones a la baja, los favoritos fueron: la suba del petróleo, la poca o nula gravitancia de la productividad de los trabajadores en las decisiones de quienes compran y venden acciones (la tasa de los treasuries a 10 años finalizó en 4,494% anual) y la cercanía a la mítica línea de los 11K. ¿Pamplinas? Por ejemplo: si bien el petróleo arrancó en baja, al mediodía superaba los u$s 60 y de ahí en más retrocedió a u$s 59,94 por barril valor en que cerró. Con apenas poco más de 1.500 millones de papeles negociados en el NYSE y 1.700 millones en el NASDAQ, es claro que si algo no hicieron los datos macroeconómicos fue entusiasmar a los inversores para tomar posiciones. Ayer vimos el patrón que estamos observando hace dos meses, que parece reflejar el juego entre quienes apuestan a algo así como que se autocumpla la profecía del "efecto Navidad", versus los que operan en descubierto a corto plazo tratando de beneficiarse de la previsible actividad de los primeros. Atención con el oro, imparable en u$s 513,80 por onza.
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