27 de marzo 2001 - 00:00

Mercado negro de ropa evade por año casi $ 600 millones

El mercado negro de indumentaria comercializa en el país más de 100 millones de prendas y maneja un negocio que ronda los $ 1.200 millones al año, generando una evasión fiscal y previsional de $ 600 millones, según un informe de la cámara del sector.

Sin embargo, los industriales consideran que este problema no disminuirá con el aumento a 35% de aranceles a los bienes de consumo que dispuso el gobierno.

Estas cifras representan en la actualidad 50% de las ventas totales, acorralando o directamente haciendo desaparecer a las empresas que están en blanco y tributan sus impuestos.

Existen hoy 57 ferias en todo el país, la mayoría radicada en Capital Federal y el conurbano bonaerense, que son verdaderos shopping al aire libre, que hasta cuentan con servicios de comida en donde se comercializan prendas y calzados de primeras marcas a precios irrisorios. Hasta hacen publicidad en la vía pública y en radios de las zonas en donde operan.

Según el mapa realizado por las autoridades del sector y que ha sido expuesto reiteradamente en ámbitos oficiales, este meganegocio está centrado en dos grandes organizaciones clandestinas, una que abastece el mercado local a través de confecciones realizadas en el país con mano de obra esclava, y otra que directamente se dedica a ingresar mercadería de contrabando.

En el primer caso, la cadena de producción está bien compartimentada. Cada taller realiza una sola tarea (ver infografía). El primero de la cadena es el que se encarga de las telas, el segundo del corte y así sucesivamente hasta que el último le da la terminación final. Pero todos estos talleres que trabajan en negro no saben cuál es el otro eslabón de la cadena.

Los encargados de movilizar hasta los distintos talleres la materia prima son la cabeza de la organización y los únicos que saben la ubicación de los centros de producción.

Esta hábil manera de tercerizar el trabajo, descentralizando la producción, les permite, a su vez, que cualquier operativo dispuesto por las autoridades para secuestrar equipos, mercaderías y detectar el trabajo en negro no perjudique de manera sustancial la secuencia productiva.

Se calcula que en total existen más de 1.500 talleres en la cadena de producción, de los cuales 1.000 se encargan de la confección y 500 de la terminación del producto.

Mafia logística

En otras palabras, el sistema de producción y distribución bien compartimentado que utilizan es una copia del que llevan adelante en el negocio de la droga.

Esta mafia logística de producción, que en realidad es la que maneja el negocio de confección de ropa en negro en el país, le entrega la mercadería a otra organización que se encarga de la distribución a los centros de consumo y, además, es la propietaria de las ferias más importantes.

Para eso se utilizan varios galpones. Para despistar van rotando la utilización de los depósitos en donde llega un camión cargado de mercadería y en el mismo momento se transfiere a varias camionetas que son las que entregan en el destino final. Pero esta segunda organización, además de comprar mercadería en negro confeccionada localmente, se abastece también de mercadería de contrabando.

Se calcula que sólo para abastecer la feria de La Salada, de la localidad de Lomas de Zamora, que ocupa 15 manzanas, se utilizan más de 300 camionetas.

Conflictivas

Los entendidos sostienen que las tres aduanas más conflictivas en materia de contrabando son la de Mendoza, la lindante con Ciudad del Este (las tres fronteras) en Paraguay y dos pasos con Bolivia.

Se dice en la jerga que la aduana más «pesada» es la de Mendoza, que hace poco fue intervenida por las autoridades de la Aduana, por donde entran directamente contenedores provenientes de la zona franca chilena de Iquique.

Con respecto al contrabando proveniente del Paraguay, es principalmente de triangulación de las primeras marcas importadas desde los mercados asiáticos. Por último, el contrabando hormiga se realiza en la frontera con Bolivia.

Un dato curioso que detectaron los investigadores de la Dirección de Inteligencia Fiscal y Aduanera que depende de la AFIP es que varias líneas de micros provenientes de estos últimos dos países tienen tercerizado el manejo de las bodegas de carga. O sea que ellos se encargan del traslado de personas, pero la mercadería transportada es digitada por otra organización que les paga por el uso de las bodegas.

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