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Supuestamente, el denominado «modelo productivo», nuevo modelo que reemplazó a partir de 2002 al tipo de cambio fijo de la convertibilidad, se caracteriza por permitir un tipo real de cambio más elevado que aumenta la protección a la industria sustituta de importaciones a la vez que mejora los márgenes de los exportadores convirtiendo a estos sectores productivos en los propulsores de la reactivación. Sin embargo, un análisis más profundo de la aplicación de este «modelo productivo» indica que el tipo real de cambio ha subido pese y no gracias a la acción gubernamental que más bien tiende a deprimirlo.
Tal como lo hicieron los chilenos que durante los últimos 30 años han logrado un tipo real de cambio mucho más alto, que se mantuvo bastante estable y que ha permitido un extraordinario crecimiento de sus exportaciones y de la economía. Curiosamente, la última propuesta del actual gobierno chileno es profundizar aún más la apertura de la economía para lograr en los próximos años una protección aduanera cercana a cero. No debería usarse la política monetaria con el objetivo de alterar el tipo real de cambio. Sencillamente no se puede fijar el tipo real de cambio de largo plazo vía política monetaria. Si tomamos en cuenta las tasas reales de interés de dos dígitos vigentes durante los últimos meses en el país la política monetaria ha sido contractiva intentando impedir la fuga de capitales y suba del dólar nominal a costa de mantener la recesión y desocupación. Hoy existe suficiente evidencia local e internacional que muestra que los movimientos de capitales son los principales causantes de las grandes oscilaciones en el tipo real de cambio; lo disminuyeron cuando tuvimos la enorme afluencia de capitales en la década de los noventa y lo aumentaron exageradamente cuando dejamos de pagar la deuda externa. Para quienes pensamos que la mejor estrategia de crecimiento es una economía abierta, eficiente y competitiva como la chilena, estas oscilaciones en el tipo real de cambio son sumamente dañinas. Para desarrollar una actividad exportadora, y especialmente una industria exportadora, es necesario estabilidad en el tipo real de cambio. También es necesario eliminar retenciones y los impuestos aduaneros que son finalmente equivalentes a un impuesto sobre las exportaciones. Si por alguna razón se quiere apoyar a la industria, lo mejor es hacerlo con la industria exportadora y no con la sustituta de importaciones.
El tamaño del mercado para la industria exportadora es el mundo y eso le permite eventualmente aprovechar las economías de escalas que finalmente se traducirán en mayor productividad de la mano de obra y salarios reales más altos.
Finalmente, si la propuesta es un «modelo productivo» el modelo exportador a la chilena es efectivamente un modelo productivo a imitar, porque ha demostrado que permite altas tasas de crecimiento de las exportaciones, de la economía y del salario real.
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