El trabajo en negro llega a niveles alarmantes. Desde que comenzaron a subir los impuestos al trabajo, el empleo informal entre asalariados se multiplicó. Es fruto, además, de los aumentos por decreto. Llega a tal nivel que contaminó la política del Estado. Hay aumentos "no remunerativos", pagos a funcionarios que no son remuneración, programas de empleo con población en negro y hasta se pagan pensiones sin relacionarlas con aportes (convalidan la "vida en negro"). El economista Juan Luis Bour -agredido recientemente desde el gobierno simplemente por pensar diferente-explica, con solidez y datos incontrastables, la delicada situación.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
En el pasado, la mayoría de los informales provenía del grupo de trabajadores por cuenta propia. De hecho más de la mitad a comienzos de los '80 era explicada por los cuentapropistas, y de allí la habitual identificación de este grupo con el de vendedores ambulantes (como en la experiencia de otros países pobres), con los que se desempeñaban en profesiones liberales (no emitían facturas), y con los pequeños negocios y empresas unipersonales. Pero desde comienzos de esa década aumentó fuertemente la presión tributaria en el mercado laboral (las tasas y contribuciones crecieron desde 31,5 puntos a 49 puntos), aumentó la regulación (se cristalizaron las normas de los años '70, se hicieron habituales los aumentos salariales por decreto) y se deterioró el control tributario. El premio a «huir de lo formal» era demasiado grande, y la informalidad creció en pocos años casi 50% entre los asalariados.
Luego de una transitoria mejora en estos índices en la primera mitad de la convertibilidad, se verificó un abrupto salto con la crisis del final de la década. Parte de ello refleja la incorporación de los «ocupados» en los planes oficiales de empleo, pero parte es simplemente el reflejo de una estrategia de subsistencia: pasarse al sector con libre entrada del mercado laboral. En la actualidad unos 7,4 millones de personas ocupadas en el sector privado son informales (ya sea asalariados o cuentapropistas), mientras que poco más de 4,3 millones pueden clasificarse como formales. Este crecimiento vertiginoso de la proporción de trabajadores en negro no es un fenómeno que se explica por aumento de los trabajadores independientes, sino por el estancamiento de largo plazo de los asalariados formales: eran 4 millones en el año 1980, y fueron 4 millones en 2003. Los asalariados en negro, en cambio, crecen en el entorno de las dos grandes crisis macroeconómicas de fines de los '80 y comienzos de la década actual. Pero además pegan el salto en los períodos de mayor intervención del gobierno en el mercado de trabajo, es decir en la segunda mitad de los '80 y en los últimos dos años.
Con el auge la informalidad, no es posible hoy influir sobre el mercado laboral con políticas rústicas, ya que incrementar los salarios por decreto, aumentar los impuestos y prohibir el despido, son instrumentos que pierden efectividad a medida que la economía se vuelve más negra.
Dejá tu comentario