Quedó claro ayer que la planilla con el resultado de caja en febrero marca un punto de inflexión en la gestión Kirchner. Es que por primera vez aparecieron indudables señales que indican el fin de la superabundancia de recursos para el gobierno nacional. Y más queda en evidencia al cumplirse una vieja ley imperante en el Palacio de Hacienda: cuando se posterga la difusión de un dato económico es que éste es negativo para el ministro de turno. Los $ 1.968 millones de superávit (en realidad, $ 968 millones sin el maquillaje de incluir recursos del Banco Central) debían darse a conocer el jueves 15, lo que sucedió reciénayer. La inversa de esa ley también se cumple. Ejemplo: la baja del desempleo a menos de un dígito, un dato obviamente positivo, fue divulgada por Néstor Kirchner dos meses antes del informe del INDEC.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Es decir que ya sin saber el número final del superávit, por el simple hecho de la postergación, estaba claro de antemano que no sería positivo (al menos para la administración). También el hecho de que en febrero, apenas comenzado el año, se usara el comodín de contabilizar las ganancias del Banco Central anticipaba que las cartas en poder del gobierno no eran buenas.
Pero más importante es lo que puede acontecer de ahora en más. El gasto primario está creciendo a 43% interanual contra una recaudación que lo hace a 27%. Imposible mantener este cóctel por mucho tiempo más. Pero lejos está de poder frenarse esta expansión. Tampoco es de esperar un brote de ortodoxia del gobierno en este sentido.
De ahora en adelante, lo más factible es que, en el mejor escenario, el gobierno repita los $ 23.000 millones de superávit primario de 2006. Todo dependerá de una cuestión autogenerada por los funcionarios: las jubilaciones que se están otorgando aun sin haber efectuado aportes. Hasta ahora se adhirieron 850.000 personas al régimen y en abril, en teoría, cierra el período de inscripción en él. No es que sea negativa esa asistencia social, sino que, si se da en coincidencia con aumentos de 79% en partidas de obra pública, pone en jaque las cuentas.
Ahora bien, ¿qué tan grave es la cuestión? No mucho, si se adopta ya mismo mayor prudencia fiscal, al carecer de comodines para jugar. A fin de año, el superávit primario se ubicará en 2,9% del PBI. Cae desde 3,5%, pero la situación es manejable.
El dinero también podría haber estado detrás de dos importantes decisiones anunciadas por el gobierno. La primera es que la intervención del INDEC y la «caída de la inflación» dejó, además, como corolario un ahorro de u$s 400 millones por menor pago a los tenedores de bonos indexados que ajustan por el costo de vida. Y también de la reforma a las AFJP: es que se recaudarán $ 700 millones más (los indecisos pasarán a aportar automáticamente al Estado y no a las administradoras).
Desde ayer seguramente será más difícil para el gobierno repartir generosamente subsidios como ya lo es para las provincias. Salvo que se caiga en otra medida recaudatoria: la de hacer subir más el dólar, generar inflación, recaudar más y licuar el gasto. No sería la primera vez.
Dejá tu comentario