Ninguna apreciación adquiere sentido, una vez repasado el nivel de los montos con que el mercado inició la semana. Alguna vaga justificación por las vacaciones de invierno, suponiendo capitales que se hayan ido a esquiar, es demasiado endeble para maquillar la realidad. Ayer, la plaza accionaria debió contentarse con no más de $ 14 millones de suministros en efectivo; pasados a moneda cotejable, se está hablando de no más de cinco millones de dólares para una rueda accionaria de Buenos Aires. En tanto, los certificados aportaron unos $ 10 millones de efectivo, para completar los $ 24 millones en el día. Frente a lo paupérrimo del negocio, el desarrollo fue un lento arrastrarse sin mucho sentido.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Con el Merval llegando a mínimos de 950 puntos, no pasando de marcas anteriores en lo que puede llamarse máximo de la fecha, el último nivel estuvo en 953: esto dio un porcentual en retroceso de 0,82%. Mientras, el listado de las líderes acusaba mayoría de bajas, pero sin que nada trascendiera más de 2% -caso de Comercial, en suba- y la mediocridad de indicadores se produjo por obligación, frente a la carencia de sustento. Con semejantes marcas, nuevamente la aguja se fue al «rojo», consumiendo combustible de la reserva. Un extraño agotarse del sistema, que nunca pudo enhebrar una etapa favorable, desde la noche de los festejos por el sesquicentenario. Ayer, como que cotizó «La Desazón SA». Y no es buena especie.
Dejá tu comentario