La seriedad de la crisis argentina obliga a tratarla con objetividad y documentación. A partir de ello es legítimo ensayar una interpretación que estará influida por la subjetividad de quien la expresa. Pero cuando el análisis se hace con datos errados, y expuestos arbitrariamente, no se pueden aceptar sus conclusiones porque hace dudar del objetivo que persigue el autor. Esta duda es inevitable al leer el artículo de Rosendo Fraga, publicado el día 7 en el diario Ambito Financiero. Fraga responsabiliza a la provincia de Buenos Aires de la grave situación que sufre nuestro país y le atribuye a las actuales autoridades nacionales la culpa de todas las calamidades. Para tal conclusión malinterpreta la vieja historia del federalismo y se olvida de la reciente, que tuvo a su amigo Domingo Cavallo como protagonista principal; compara a las provincias con indicadores improcedentes y esboza un corolario prejuicioso que confunde pertenencia partidaria con responsabilidad institucional. Olvida que la provincia no maneja las variables macroeconómicas que definen el rumbo económico del país. No dice que es la que más aporta al sistema federal de coparticipación y la que menos se lleva. Fraga mantiene el vetusto concepto de «provincia rica» y omite señalar que -desde hace años-Buenos Aires sufre una fuerte discriminación en la coparticipación federal, ya que produce 38 por ciento del PBI; tiene 38 por ciento de la población del país y recibe 22,6 por ciento por coparticipación. Esta inequidad hace que sea la que más sufra los efectos de la recesión, con caída de la recaudación, mayor desocupación, pobreza y demanda de servicios.
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Fraga en su precario análisis demuestra desconocimiento de la cuestión federal. Denuesta a Buenos Aires y elogia a otras provincias, sin indagar en las causas de cada situación. No habla del sistema de coparticipación, ni de los regímenes de promoción industrial, ni de regalías especiales destinadas a ciertas provincias. Afirma que Santa Fe aporta «5.000 millones de dólares por las retenciones a las exportaciones agropecuarias». Un disparate, porque el total de retenciones en el país se estima en u$s 2.800 millones (Buenos Aires aporta 40 por ciento de ellos).
El autor cita al gobernador de Neuquén, que propone que las provincias cobren los impuestos nacionales, propuesta que comparte el CEMA. Si esto se hiciera, Buenos Aires recaudaría $ 1.000 millones más por mes, que son los que cobra en su territorio Nación y de los que sólo recibe $ 235 millones. Si se aplicara esta teoría liberal -un atentado contra el federalismo-la provincia recibiría $ 9.180 millones más por año, con lo que no tendría déficit fiscal, ni deuda, ni necesidad de emitir patacones. Fraga no dice que más de un tercio de los impuestos que se recaudan en el país provienen de Buenos Aires, donde se origina una demanda proporcional de gasto público. Es obvio que en el reparto de la renta federal, recibe mucho menos que lo que le correspondería si el sistema fuera devolutivo. En 2001 percibió $ 3.445 millones, monto muy inferior al que hubiera recibido si los recursos se hubieran distribuido según indicadores objetivos: la pérdida es de $ 1.984 millones si la variable escogida es la población y de $ 1.847 millones si fuera por el aporte al PBG.
Omite decir que la provincia realizó en el último trienio de los '90 un vasto proceso de reformas que incidieron en el gasto justo con el inicio de la crisis recesiva más extensa de nuestra historia. Recesión que perjudicó a nuestra recaudación; lo que fue agravado por el aumento de impuestos nacionales, que llevó a que creciera la evasión provincial. No obstante, Buenos Aires redujo en más de $ 1.600 millones su gasto primario entre 1999 y 2002. La provincia sigue siendo la de menor gasto público por habitante: $ 782; menor cantidad de empleados por habitante: 31; y su stock de deuda como proporción del PBG, 6,6 por ciento, es menor al promedio de las provincias y similar al de Córdoba. Durante el año 2001 fue la única provincia que resultó perjudicada entre lo que ingresa por impuestos propios y lo recibido por tributos nacionales: recaudó 36,8 por ciento en propios y sólo percibió 22,6 por ciento de los que recauda Nación. A la inversa de lo que afirma Fraga, Buenos Aires entró en crisis porque la Argentina está en crisis. Y no desde enero de 2002, como él sugiere.
Creemos que podremos emerger si nos esforzamos en buscar propuestas positivas y no en confundir con datos que tergiversan la historia. Si trabajamos para que la economía retome un sendero de crecimiento, apostando a una tarea conjunta entre Nación y las provincias para llegar a un equitativo régimen fiscal federal. Así Buenos Aires, que por su estructura sufre como ninguna los efectos de la macroeconomía, podrá alcanzar los niveles de equilibrio que ansiamos, para beneficio del país y de los bonaerenses.
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