24 de julio 2002 - 00:00

Notables también a favor de abrir más "corralito" sólo para público

Notables también a favor de abrir más corralito sólo para público
Los cuatro expertos internacionales tendrían una visión de salida del «corralito» más cercana a la del presidente del Banco Central, Aldo Pignanelli, que a la del ministro de Economía, Roberto Lavagna.

El alemán Hans Tietmeyer, el español Luis Angel Rojo, el escocés Andrew Crockett y el canadiense John Crow
recomendarían así una apertura «muy cuidadosa» del «corralito», favoreciendo a los ahorristas siempre que sean personas físicas, acelerando la devolución del dinero retenido en las cuentas corrientes y las cajas de ahorro. De confirmarse la posición de los cuatro especialistas internacionales, habría sintonía con la visión del enviado del Fondo Monetario Internacional (FMI) John Thornton que, tal como anticipó este diario, el lunes le recomendó a Roberto Lavagna una salida gradual y prudente del «corralito».

Es público que el ministro de Economía sólo piensa en una muy leve apertura, que en todo caso satisfaga la demanda de exportadores y no mucho más.

Según habrían deslizado ayer dos de los expertos visitantes, Tietmeyer y Rojo, no existiría la seguridad técnica de que una apertura de este tipo genere un proceso hiperinflacionario y que, en todo caso, la solución se resumiría en que el gobierno de Eduardo Duhalde debería «correr el riesgo»
. De todas formas, los cuatro especialistas, Pignanelli y Lavagna, y prácticamente todos los participantes de las múltiples reuniones de ayer, coincidieron por segundo día consecutivo en que ninguna alternativa de salida del «corralito» es válida si antes no se soluciona de raíz el problema de los amparos.

Fuera de este capítulo central, el principal de todos los que ocuparon el tiempo de los cuatro expertos en la Argentina, el grupo de notables dejó fuera de programa, y a modo de consultoría gratuita, una recomendación final en su última jornada completa de recolección de datos e información. «Ni dolarización ni una nueva convertibilidad. En todo caso flotación controlada del peso.» Hoy temprano mantendrán las últimas reuniones y al mediodía Tietmeyer, Rojo, Crockett y Crow retornarán por separado cada uno a su puesto de trabajo, intercambiarán vía correo electrónico sus visiones personales y grupales, y antes del miércoles 31 de julio emitirán su «dictamen no vinculante» (según la propia definición de los expertos) al titular del FMI Horst Köhler y a Lavagna.

El contenido de los principales capítulos analizados en los últimos dos días por los expertos internacionales en Buenos Aires fueron los siguientes:

• Salida del «corralito». Siempre y cuando el gobierno le encuentre una solución al problema de la salida de dinero del sistema financiero vía amparos, y que llegaría en el año a los 10.000 millones de pesos, los cuatro asesores se definirían por una posición más cercana a la de Aldo Pignanelli que a la de Roberto Lavagna. A esta altura el tema de los amparos es ya una cuestión divisoria de aguas. Estuvo presente en todas las reuniones de los cuatro analistas en Buenos Aires y hay seguridad casi plena de que será uno de los primeros capítulos que tendrá el dictamen final. Sólo solucionando este problema se podría avanzar en el análisis de una flexibilización del «corralito». A partir de allí, ideológicamente, los cuatro economistas siempre defendieron a priori adoptar medidas que apunten a sincerar las variables macroeconómicas y financieras. Esto quiere decir que si el problema del «corralito» fuera una cuestión de laboratorio económico, los analistas recomendarían una apertura total y sin red de los depósitos atrapados. Sin embargo, y como el problema es real, el consejo final para la Argentina sería una combinación entre aceleración de los tiempos de devolución pero manteniendo cierta prudencia. En concreto: aceptar la posibilidad planteada por Pignanelli de devolver depósitos de las cuentas corrientes y las cajas de ahorro para personas físicas y un tope de $ 10.000 para los depósitos reprogramados en plazos fijos. En todos los casos, el dinero quedaría en cuentas a la vista y la posibilidad regiría únicamente para las personas físicas.

• Cuestionamiento

Lo que argumentaron los cuatro expertos es que no hay datos técnicos que aseguren definitivamente que esta alternativa fuera inflacionaria, con lo cual se cuestionó la argumentación técnica de Lavagna. En todo caso, reflexionaron los expertos, se trata de una decisión y un riesgo político que debería correr el presidente Eduardo Duhalde. Economía ayer insistía en su propuesta de flexibilizar la liberalización del «corralito», pero sólo de manera gradual y concentrada en sectores puntuales de la economía, generalmente vinculados con la producción.

• Independencia del Banco Central. Nuevamente los cuatro visitantes insistieron en la necesidad de avanzar en la implementación de garantías para que se asegure la autonomía del directorio del BCRA. La posición viene siendo expuesta desde el domingo, a horas de haber desembarcado en Ezeiza, por Tiet-meyer que ayer insistió: «Si no hay un paraguas jurídico para los directores del BCRA no se puede pretender una total independencia de las instituciones». Por su parte, Rojo habló de la necesidad de modificar «por ejemplo el concepto de mala conducta» para el directorio del Central.

• Dolarización y convertibilidad. Hubo un último consejo que, según aclararon los visitantes, no ingresará en el informe final y únicamente debe quedar como un aporte analítico «no vinculante»: descartar tanto una dolarización o una nueva convertibilidad. Fue Hans Tiet-meyer, ante la aprobación de sus tres compañeros de equipo, el que habló ayer de este tema. El ex titular del Bundesbank, en tres reuniones diferentes y ante la consulta reiterada sobre su visión sobre el tipo de cambio, comenzó recordando que él personalmente a fines del '91, cuando el uno a uno entre el peso y el dólar tenía varios meses de vigencia, rechazó la convertibilidad como esquema cambiario. El alemán volvió ayer sobre este concepto asegurando que una eventual dolarización no sólo no solucionaría los problemas locales, sino que además profundizaría las dificultades generadas en el último tramo de vida del uno a uno.

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