2 de enero 2026 - 14:53

Nuevas bandas para el dólar, viejos desafíos: un ajuste que llega tarde

Pese a la flamante indexación de las bandas, el dólar sigue sin tener demasiado para subir sin presionar el techo. En ese marco, la acumulación de reservas se dificulta.

La flotación administrada del dolar podría darle más aire al Gobierno.

La flotación administrada del dolar podría darle más aire al Gobierno.

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La política monetaria argentina inaugura 2026 con un giro que, bajo la lupa del análisis riguroso, parece más una corrección de emergencia que una reforma estructural definitiva. El Banco Central (BCRA) modificó la indexación de las bandas, abandonando el 1% arbitrario por la inflación pasada. Sin embargo, el daño en la estructura de precios relativos ya está hecho: el techo de la banda se ha "atrasado" frente a la realidad nominal, dejando al tipo de cambio mayorista sin recorrido al alza y poniendo en jaque el objetivo de acumulación de reservas para 2026.

La aritmética inmediata es sencilla: durante enero, las bandas superior e inferior se ajustarán a un ritmo del 2,5% mensual. Esto reconfigura los límites de intervención de la autoridad monetaria: al 30 de enero, la banda superior (techo) se ubicará en $1.526,09, mientras que la banda inferior (piso) se establecerá en $916,58.

El anuncio del BCRA, realizado hace días, pretende inyectar lógica a un sistema que venía crujiendo. El objetivo declarado es evitar que los límites de intervención continúen perdiendo terreno en términos reales. Sin embargo, el mercado recibe la noticia con escepticismo técnico. La modificación en la fórmula de actualización llega tras ocho meses de una divergencia corrosiva: con un ajuste de bandas al 1% y una inflación "viajando" estructuralmente al 2%, lo que sufrió un atraso severo no fue necesariamente el tipo de cambio de mercado, sino la arquitectura misma de la banda. El techo bajó en términos reales, comprimiendo el espacio vital de la divisa y generando una "asfixia regulatoria" sobre el precio.

La compresión del spread y el error de cálculo

Es imperativo corregir el diagnóstico habitual: esta modificación no viene a subsanar una apreciación cambiaria clásica, sino a detener la caída del techo técnico. Al cierre del último día del año, el dólar mayorista finalizó en $1.455. Este valor lo sitúa a tan solo un 4,7% del nuevo límite superior.

Esta cercanía no es casualidad, sino la consecuencia matemática de haber mantenido el crawling peg de las bandas desconectado de la nominalidad de la economía. Al moverse la inflación más rápido que el techo de la banda, el margen de flotación se ha estrechado dramáticamente. El mercado opera hoy casi pegado a la zona donde el BCRA está obligado a intervenir vendiendo reservas.

Aquí yace la principal inconsistencia del modelo para 2026. El BCRA ha oficializado sus objetivos para el nuevo año, destacando un ambicioso programa de compra de reservas internacionales a partir del 1 de enero. Si bien los detalles finos de la operatoria (mecanismos de subasta, montos diarios) permanecen en la opacidad, la contradicción fundamental es evidente para cualquier inversor sofisticado.

Para acumular reservas, el Central debe actuar como demandante neto de divisas. En cualquier mercado, una presión de demanda adicional empuja el precio al alza. Pero el BCRA no tiene recorrido para dejar subir el precio: con el dólar a menos de un 5% del techo, cualquier intento de compra genuina empujaría la cotización hacia los $1.526,09.

Al tocar ese valor, se activa el mandato inverso: la regla cambiaria obliga al BCRA a defender el techo vendiendo los dólares que desesperadamente necesita comprar. Es una trampa de diseño. Intentar acumular reservas con un dólar tan cerca del límite superior de la banda parece una tarea hercúlea, sino imposible, sin violentar la propia regla cambiaria.

La inevitabilidad de la reforma y los antecedentes

La historia reciente de la política monetaria argentina sugiere que la rigidez suele ser el preludio de la ruptura. Recordemos la transición de abril del año pasado, cuando la realidad del mercado forzó el abandono del tipo de cambio fijo ("el ancla") para migrar al actual sistema de bandas. Ahora, las bandas deben abandonar su anclaje del 1% para atarse a la inflación.

La pregunta que circula en las mesas de dinero no es si habrá otro cambio, sino cuándo. Si el BCRA pretende cumplir con su meta de acumulación de reservas, el esquema actual resulta obsoleto desde el día uno. Es probable que estemos ante un escenario donde, para evitar vender dólares en el techo, el Central deba ampliar las bandas nuevamente o acelerar el crawling peg por encima de la inflación pasada, validando expectativas de devaluación que se buscaban anclar.

dolar blue

Además, persiste el elefante en la habitación: las restricciones cambiarias para personas jurídicas. Mientras se mantenga el cepo corporativo, cualquier precio es, en cierta medida, artificial. La normalización del acceso al mercado de cambios para las empresas es una condición sine qua non para la inversión extranjera directa, y su postergación solo acumula presión en la tubería de la deuda comercial.

El equilibrio general más allá de la inflación

Existe una tendencia peligrosa en el análisis económico local a resumir el éxito de la gestión en una sola variable: la desaceleración de la inflación. Si bien controlar los precios es vital para la estabilidad social y el cálculo económico, la economía opera bajo un equilibrio general.

Bajar la inflación es condición necesaria, pero no suficiente. La sostenibilidad del modelo depende de variables interconectadas:

  • Acumulación de reservas: Para blindar al sistema financiero ante shocks externos.
  • Acceso al crédito: Volver a los mercados voluntarios (internacionales) para rollear vencimientos de deuda, para evitar el financiamiento monetario o el default.
  • Economía real: Recuperar la actividad y detener la destrucción de empleo asalariado privado, que es el motor del consumo y la recaudación tributaria.

El actual esquema cambiario, al priorizar el ancla nominal mediante un techo de banda bajo, sacrifica los otros objetivos. Un dólar encorsetado cerca del techo impide la acumulación de reservas, lo que a su vez mantiene alto el riesgo país, bloqueando el acceso al crédito y encareciendo el costo de capital para la recuperación económica. Es un círculo vicioso donde la "victoria" sobre la inflación se paga con recesión y fragilidad externa.

Una alternativa superadora: flotación administrada y tasa de interés

El diagnóstico es claro: hoy, el principal obstáculo para que el BCRA recomponga sus activos externos de forma genuina es el propio cepo que se autoimpuso con este diseño de bandas rígidas.

En una economía bimonetaria como la argentina, donde el dólar es unidad de cuenta y reserva de valor, intentar fijar el precio (o su techo) sin reservas netas positivas suele derivar en crisis de balanza de pagos. La alternativa técnica, respaldada por la experiencia internacional en estabilizaciones exitosas, es un esquema de flotación administrada.

En este régimen, el BCRA no se compromete a defender un precio (o un techo) con reservas que no tiene o que necesita acumular. En su lugar, utiliza la tasa de interés como la herramienta rectora para manejar la demanda de dinero y coordinar las expectativas.

Defender el valor del peso —que es, en definitiva, de lo que hablamos cuando discutimos el precio del dólar— no se logra fijando su valor nominal por decreto ni restringiendo su comercialización. La fortaleza de la moneda es un derivado de:

  • Solvencia Fiscal: El equilibrio de las cuentas públicas, un activo que el Gobierno actual ha mantenido con disciplina y que debe ser la base innegociable.
  • Orden Monetario: La eliminación del financiamiento monetario del déficit.

Con estos fundamentales en orden, el tipo de cambio debe tener la flexibilidad para absorber shocks y permitir que el BCRA compre divisas sin chocar contra un techo regulatorio.

Conclusión

El año arranca con un nuevo esquema de actualización que, si bien es técnicamente superior al voluntarismo del 1% fijo, no resuelve los problemas de fondo de la política cambiaria. Reconocer la inflación para mover las bandas es sensato, pero llega tarde para corregir el atraso del techo.

La acumulación de inconsistencias —un dólar comprimido contra el límite superior, la necesidad de comprar reservas y la vigencia de restricciones corporativas— sugiere que este esquema es transitorio. Resolver la ecuación cambiaria es cada vez más fundamental para evitar que los desequilibrios se ajusten de manera desordenada. Se requiere una estrategia integral que vaya más allá de los parches y se atreva a normalizar el mercado, confiando en que el orden fiscal es el ancla real que la economía necesita.

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