Con 0,22% para el Merval, hacia abajo, y 0,16% en el Dow Jones -las dos marcas semanales-, se fue una se las etapas más fastidiosas en lo que va del año. El Bovespa cayó 5,72%; se dirá que es mejor haberse quedado como el Merval, las diferencias contundentes dejan poco para discutirlo, aunque si se toma al mercado por los dos lados, y no por uno solo, casi se podría asegurar que en Brasil hubo negocio bursátil: aquí y en el NYSE, no hubo nada. Y la nada es lo peor de los mercados de riesgo, son las que ahuyentan operadores. No tanto del tipo inversor de cierto lapso, sino el que mueve los mercados a diario -el casi apostador-, pero que se harta de ver a los «favoritos de $ 1,20%, cuando tiene que arriesgar $ 2.
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Como si no quisiera ir, mucho menos llegar, la plaza bursátil local se encamina ya al pasaje que debe tomar: el ambiente de las elecciones. El doble ambiente, si se va a la segunda vuelta, todo un caldo espeso sobre el que poco se sabe (aunque mucho se diga). Incertidumbre que se agarra de las paredes del recinto, una preocupación adicional ante momentos políticos que distan de ser tradicionales. Habría que ir a la historia del primer siglo de independencia, para hallar paralelos de semejante fractura en la Nación. La guerra «pasó» (al menos, en el ruido fuerte), y las grandes plazas siguieron apocadas. Nosotros vamos a otra instancia, sin siquiera tiempo para respirar. Casi todos son hoy timoratos, ausentes los optimistas, ya no van quedando, los bajistas (los $ 12 millones del viernes son elocuentes).
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