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El total de la deuda argentina es varias veces el de la suma de esas naciones y ninguna tiene el ingreso nuestro. Pasado un cierto lapso, las penalidades a los morosos se van encareciendo. Para hacer frente a esos vencimientos, la Argentina tiene reservas por 9.500 millones de dólares. Pagando siempre se podría negociar un alivio.
Que los dirigentes argentinos decidieran acompañar la actitud de los sátrapas de esos estados mediría nuestro fracaso. Ninguno de ellos es democrático, ni trata bien a su pueblo. Ningún país latinoamericano está entre ellos.
Es curioso que se proponga no emplear las reservas cuando están precisamente para preservar el crédito del Estado. Las reservas del Banco Central no han caído del cielo; son un resultado de la brecha entre la confianza de la población y las promesas del Estado. Por un lado, la demanda de los papeles emitidos, y del otro la oferta, incidiendo los otros compromisos, como Lebac y otros.
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