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21 de marzo 2013 - 19:51

Parche para todos y todas

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Por Miguel Braun, presidente de la Fundación PENSAR.- Desde que el gobierno comenzó con las restricciones al mercado de cambios no hacía falta ser un erudito en economía para advertir cuáles serían las consecuencias. Los controles cambiarios surgieron como una medida desesperada para controlar la fuga de capitales que, entre 2007 y 2011, sumó 79 mil millones de dólares. Sin embargo, la medida no atacó ninguno de los problemas de fondo sino que agregó una serie de complicaciones que generaron distorsiones y efectos colaterales muy dañinos para la economía. Su mayores victimas fueron el mercado inmobiliario y la inversión. 

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Los problemas de fondo son fundamentalmente la constante percepción de atraso cambiario, producto de una inflación en dólares creciente, y el marco de incertidumbre que se creó a partir de medidas como la estatización de las AFJP's, la subordinación del Banco Central, la intervención del INDEC, que tuvieron como objetivo principal hacerse de cajas para financiar un gasto publico creciente e ineficiente. 

Ni la desconfianza ni la inflación se resuelven con un control de cambios. Estaba claro, entonces, que a menos que se tomaran medidas para resolver los problemas de raíz, la política de "lo atamos con alambre" necesariamente se iba a profundizar. 

Efectivamente, con el correr de los meses las restricciones al mercado de cambios se
volvieron cada vez más estrictas al punto que hoy es prácticamente imposible adquirir divisas en el mercado oficial para viajar al exterior y está totalmente prohibida su compra para ahorrar. De este modo, la oferta de dólares por el canal oficial es prácticamente nula y con cada mecanismo que refuerza los controles la oferta se reduce aún más, con la consiguiente presión sobre el mercado informal que hace que el precio del dólar paralelo aumente. El aumento a 20% del recargo a las compras en el exterior y de paquetes turísticos actúo como una restricción a ese dólar oficial barato y se trasladó a un dólar informal de $8,75, por eso la disparada del blue no debería sorprendernos. 

El gobierno está inmerso en un laberinto del que le es cada vez más difícil salir. Con cada aumento de los controles se genera mayor incertidumbre que deriva en una nueva necesidad de reforzar las restricciones. Y a menos que esperemos que el gobierno corrija el rumbo, vamos a tener que acostumbrarnos a esta dinámica. 

Lamentablemente no hay ni un sólo indicio de que el gobierno esté buscando salir por encima de este descalabro cambiario que originó. No se están tomando medidas para resolver la inflación y el BCRA tiene cada vez menos holgura para frenar la escalada del dólar paralelo. A pesar de que la inflación sea 25%, el BCRA continúa emitiendo al 40% anual y 1 de cada 2 pesos que el Central pone en circulación es para financiar al Gobierno Nacional. El resto de la emisión es para comprar reservas que luego se giran al gobierno para, que entre otras cosas, pague deuda. 

Este comportamiento provocó una continua descapitalización de la entidad monetaria: más de 50% de los activos del BCRA (US$ 59.000 millones), son préstamos al Gobierno (letras intransferibles y adelantos transitorios), que difícilmente pague. Al mismo tiempo, los pasivos continuaron creciendo y provocaron una caída sistemática de los indicadores "duros" de respaldo y solvencia. Todo esto deja a la entidad monetaria con poco margen de acción para pensar en un plan antiinflacionario serio e incluso para salir a frenar la escalada del dólar paralelo. 

En ausencia de un plan económico en serio la política de parches se va mantener. El gobierno tiene básicamente dos caminos: solucionar de una vez las inconsistencias macroeconómicas o profundizar los errores.

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