27 de enero 2004 - 00:00

Pareció, pero no fueron las bombas

Casi al mismo tiempo que sonaban tres fuertes explosiones en Bagdad y que lo único que se sabía era que desde los parlantes se escuchaban gritos de «take cover!, take cover!» (¡cúbranse!, ¡cúbranse!), lo que había sido un mercado totalmente anodino, donde lo más destacable pasaba por el Dow, que ganaba menos de medio punto y el volumen operado más bajo de los últimos 10 días, salió volando como si las bombas hubieran sido el impulso que necesitaban. Es así como durante los siguientes noventa minutos los papeles simplemente se dedicaron a avanzar, para quedar, cuando sonaba la campana, apenas algunos puntos debajo del máximo del día, con el Promedio Industrial en 10.702,51 puntos (el máximo en 31 meses) tras ganar 1,27% y el NASDAQ ascendiendo 1,41%. Si bien la vinculación de la suba accionaria con las explosiones en Irak es una mera coincidencia, lo cierto es que no hubo ningún hecho puntual para explicar el salto al ruedo que dieron los inversores alcistas. Desgranando un poco lo vivido, apenas si podemos mencionar que los bancos, laboratorios, empresas de hardware y software, redes, telecomunicaciones y semiconductores fueron las que lideraron la suba, en tanto las auríferas y las firmas de transporte quedaban a la zaga. Si bien el presidente de la Fed habló de manera optimista y desde Londres sobre la situación laboral, en tanto siguieron arribando balances (los más destacados, los de la papelera Kimberly Clark, Lexmar, Energizer y Tyson Foods), y se premió a Merck por la nota favorable que le publicó el semanario «Barrons», lo cierto es que ninguno de estos hechos explica por qué los inversores se comportaron como lo hicieron.

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