Un lunes como hay pocos, una rueda como hay muchas, un cúmulo de novedades que llegaron como un alud inesperado y arrasaron todo a su paso. El lugar más destacado, para el mundo bursátil, para lo que se constituyó en un verdadero «lunes negro» y desde una Wall Street que no termina de digerir un escándalo, para estar inmerso en otro. Como advirtiendo el gran «bluff» armado sobre la milagrosa recuperación de la economía norteamericana -en tiempo tan corto- y corriendo el telón sobre quiénes son verdaderos maestros en el dibujo y el timo financiero. Desde el Norte, todo se encadenó en el mundo para ir marcando caídas como en el típico efecto dominó. Y con porcentuales graves.
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¿Qué puede aguardarse, una vez que un grupo columna de la economía nacional, se trasvasa a capital brasileño? Petróleo de españoles, petróleo de Brasil, y allí en el umbral la posibilidad concreta de otra industria de base -acero- en manos de los vecinos/competidores. Todo estuvo signado por la novedad de Pérez Companc -agravando lo de afuera- pero con la curiosidad (un barbarismo de mercado) que habla de un Merval marcado hacia arriba, cuanto todo se derrumbaba y pretendía ser una isla. Encima con la noticia de venderse su papel insignia -¿era buena nueva?- y el indicador tocó los 389, para estrellarse en 364 y terminar muy cerca de sus pisos del día. Caída de 4%, con unos $ 16 millones de efectivo, y en un inicio de semana que metió miedo intenso en todo el mundo de las bolsas. Habrá que ver, para hoy, cómo se puede acomodar todo el barullo...
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