11 de octubre 2005 - 00:00

Peirano: "Llegan más inversiones brasileñas"

Miguel Peirano
Miguel Peirano
«Al menos dos grandes fabricantes brasileños de calzado están muy interesados en abrir plantas en la Argentina, tanto para vender la producción en el mercado interno como para exportar parte de ella.» El adelanto de Miguel Peirano, secretario de Industria, confirmaría que las restricciones aduaneras y -sobre todo- el tipo de cambio, están comenzando a -dice el funcionario- «cambiar las decisiones de inversión de un país al otro. Y no sólo en el área del calzado o la indumentaria: también en industrias como la automotriz».

El economista revela que dos de las empresas en cuestión son Picadilly y West Coast; además -afirma- «vinieron a vernos a la secretaría otros tres fabricantes de calzado, pero con ellos la negociación es mucho más preliminar y no creo que valga la pena mencionarlas».

• Envergadura

Picadilly, de la familia Grings, fabrica nueve millones de pares de zapatos por año en sus plantas de Rio Grande do Sul, con una facturación cercana a los u$s 80 millones y exportaciones a un centenar de países. Por su parte West Coast está localizada en la ciudad de Ivotí, en el mismo estado.

¿Qué tiene el país para ofrecerles a cambio de instalarse aquí? «No pocas cosas: arancel cero para exportar, reintegros para la producción nacional, devolución del IVA anticipada, amortización acelerada de bienes de capital... No es poco, y es lo mismo que reciben las empresas nacionales», dice Peirano.

El funcionario confirma que cinco de las principales empresas de calzado e indumentaria deportiva ya aseguraron que «desviarán» la fabricación de muchos de sus productos a plantas de la Argentina, casi todas ellas de terceros. «Se trata de Adidas, Nike, Umbro, Fila y Reebok, que tienen contratos de fabricación con productores nacionales. Está claro que el calzado de más alta tecnología por ahora no se hará en el país, porque esas empresas tienen plantas en pocos lugares del mundo a ese efecto, pero el resto de la producción puede hacerse aquí», se entusiasma Peirano. «Y además el potencial para exportar es muy grande.» Un ejemplo, cita, es la planta que tiene la brasileña Coteminas en Santiago del Estero, que exporta casi toda su producción de toallas a Estados Unidos.

• Rentabilidad

Peirano asegura que «casi todos los sectores están con ecuación de rentabilidad», y dice que no hay cuellos de botella de capacidad instalada: «Desde 2003 la oferta y la demanda vienen creciendo parejo, y se está usando cerca de 72% de la capacidad de la industria; es cierto que venimos de un valle profundo, y creo que las inversiones -de mantenerse las actuales condiciones- seguirán viniendo. Fíjese lo que pasa en sectores como aluminio y siderúrgica: hay proyectos por centenares de millones de dólares, a favor de un tipo de cambio competitivo y la suba del valor internacional de los bienes que producen esas industrias».

También menciona a la industria automotriz y la de autopartes como «muy promisorias: varias terminales locales están vendiendo sus productos al exterior, lo que además de recomponer salarios obliga a las empresas a incorporar los últimos adelantos tecnológicos».

• Salarios

La pregunta casi obvia, entonces, es si la Argentina puede o debe fabricar todo; Peirano responde que «en este tramo del desarrollo todos los sectores tienen potencial, pero la especialización la determina el mercado». Admite que no es posible ni deseable mantener en el tiempo los actuales salarios reales: «El tipo de cambio provoca mayor producción, que debería traducirse en recomposición salarial por mayor productividad, y la creación de más puestos de trabajo. Lo difícil es encontrar el punto de equilibrio entre rentabilidad y poder adquisitivo. No deberíamos ser como Brasil, un país donde hay un quiebre socioeconómico en su población muy profundo. Si este proceso genera pérdida de poder adquisitivo en la población, estaríamos lejos de solucionar el problema».

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