Mercados flojos en todas partes, cierto. Pero más flojo en nuestro recinto y donde se produjo una preocupante aleación de ver al volumen dilatarse hasta los 54 millones de pesos, pero trayendo consigo una caída de cotizaciones en el orden de 2,7 por ciento. Justamente a la inversa es como se debería haber realizado, contrayendo el monto negociado si los precios retrocedían, tanto como para dar señales de alguna resistencia y fijación de límites mínimos. Lo de ayer solamente comprobó que se prosigue sin el elemento esencial -saber qué terreno se está pisando-y con esa muestra no hay posibilidad de imaginar que la zona de repliegue pueda estar en un punto determinado.
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El nuevo diente de «serrucho», que tan a fondo emplean los gobiernos, colocó al Merval a poco más de 5 por ciento del nivel de los 1.000 puntos y que representa todo un simbolismo: debajo de tal nivel, cualquier destino sería posible. Vez pasada, se enderezó con un rebote que se prolongó por unas ruedas, queriendo retomar altura y alejar el peligro. Todo se perdió de un plumazo, en una sola rueda, en medio de un mercado mundial debilitado y donde se tuvo mayor repercusión local por la problemática propia. Con lo hecho en la víspera, la jornada de hoy está rodeada de riesgos mayores aún.
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