En las empresas privatizadas y en los entes reguladores se desconocían ayer las consecuencias que podrá tener sobre las tarifas la modificación de la Ley de Convertibilidad. Sin embargo, en la conferencia de prensa, el ministro Cavallo empezó a perfilar su proyecto cuando anticipó que habrá que rever en el futuro el ajuste de tarifas por índices de inflación de otros países.
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Cavallo respondió de esa manera cuando se le preguntó sobre la eliminación en el proyecto original para la nueva norma del artículo que derogaba la prohibición fijada en la Ley de Convertibilidad de indexar los contratos en pesos. Las tarifas de los servicios públicos tienen dos características: están dolarizadas y se ajustan periódicamente en función de índices de precios de EE.UU. Este último elemento se introdujo en el momento de las privatizaciones con el criterio, impulsado por el propio Cavallo, de preservar el valor de la moneda para las empresas concesionarias.
El hecho de que las tarifas están dolarizadas significa que se calculan en dólares y después se convierten en pesos. Mientras un peso es igual a un dólar, el valor de las tarifas es igual en una o en otra moneda. Esta dolarización significa, además, que ante una variación del valor del dólar, la misma es inmediatamente trasladable a las tarifas de los teléfonos fijos y móviles, el gas, la electricidad y el agua.
Según las opiniones recogidas en las empresas, esa situación no variará a menos que se cambien los contratos. Sin embargo, si hay un nuevo valor del peso, cuando el monto de la factura se pase de dólares a pesos, habrá modificaciones: para pagar la misma factura se necesitarán más pesos, si el euro está devaluado respecto del dólar como ocurre ahora, o menos pesos, si el euro se revalúa.
Si hoy rigiera la modificación de la Ley de Convertibilidad, para comprar un dólar se necesitarían 1,06 peso. Para pagar una factura de 100 dólares, en tanto, habría que desembolsar 106 pesos.
Por el contrario, si la situación variara en el futuro y el euro se revaluara y por ejemplo costara 1,12 dólar, un peso sería igual a 50 centavos de dólar más 44 centavos de euro; es decir, para conseguir un dólar se pagarían 94 centavos de peso, con lo cual una tarifa de 100 dólares costaría 94 pesos.
Ajuste
El otro tema es el del ajuste por cláusulas de precios de EE.UU. Según surge de las declaraciones de Cavallo de ayer, uno de los objetivos de su propósito no concretado de permitir la indexación en pesos era eliminar la distorsión que implica ajustar precios internos por inflación externa.
Esta cuestión ya fue motivo de fuertes conflictos entre las empresas privatizadas y el ministro José Luis Machinea, que sólo consiguió postergaciones para aplicar los ajustes, pero no logró que las empresas resignaran lo que tienen garantizado por contrato (y en el caso de las gasíferas, la postergación pactada con Economía está hoy trabada en la Justicia). Ahora Cavallo parece centrar la expectativa en el momento en que se discutan las tarifas.
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